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miércoles, 19 de mayo de 2010

Entrevista a Jorge Herralde* por Araceli Otamendi






Entrevista a Jorge Herralde* por Araceli Otamendi


*entrevista posteriormente publicada en el libro El optimismo de la voluntad, de Jorge Herralde, con texto introductorio de Juan Villoro, Fondo de Cultura Económica (México). 




(Buenos Aires) Araceli Otamendi




Conocí personalmente a Jorge Herralde en la ciudad de La Plata, al realizarse un acto en el que participaron Herralde, Ricardo Piglia y el Lic. Juan Carlos D´Amico, Presidente del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires con motivo de la entrega al editor del Gran Premio de la Provincia de Buenos Aires. Este premio surgió como iniciativa del historiador y escritor Mario Pacho O´Donnell para reconocer a personalidades internacionales por su aporte a la literatura mundial y fue entregado a Herralde por el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Daniel Scioli. Como lectora desde hace muchos años de los libros que edita Anagrama, la editorial de la que es fundador y director Jorge Herralde, conozco la calidad de sus libros. Le propuse a Herralde realizar una entrevista, y como disponía ya de poco tiempo en Buenos Aires, prometió enviarme las respuestas por correo electrónico, cuando llegara a Barcelona.
Ahora publicamos la entrevista para los lectores de Archivos del Sur.





Araceli Otamendi:- ¿Cuándo y en qué circunstancias decide ser editor? Estudió usted ingeniería…
Jorge Herralde:- Estudié ingeniería, “de cuerpo presente” y la mente en otros lugares, por así decir. Desde siempre me interesó la literatura y muy pronto la edición. Y en especial, desde los años 60, también la política. Después de algunos intentos editoriales con varios amigos, que no cuajaron, decidí lanzarme a editar solo, empezando las publicaciones de Anagrama en abril de 1969.
A.O.:-Leí en una entrevista que usted era opositor al franquismo. ¿De qué manera se podían editar libros durante el régimen de Franco? ¿Cómo se seleccionaban los libros y los autores?
J.H.:- La censura fue durísima, casi infranqueable hasta 1966. La cerrazón era insostenible para el propio régimen, y entonces se creó la llamada ley Fraga, para dar una imagen de apertura, que permitió algunas fisuras que unos cuantos editores de izquierda intentamos ensanchar.
Se siguieron prohibiendo muchos títulos en la llamada “consulta voluntaria”, que consistía en presentar el manuscrito o bien el libro en traducción y esperar el veredicto favorable del Ministerio de Cultura antes de editar un título. Pero podía optarse por publicar el libro y esperar el dictamen del Tribunal de Orden Público, que fue mi opción después de un año de demasiados libros no permitidos por la consulta voluntaria. Dicho Tribunal podía secuestrar el libro, lo que provocaba una publicidad mediática que en principio no deseaban, aunque era un “derecho” que ejercían. Así, conseguí publicar títulos impensables, que sin duda no hubieran pasado dicha consulta. Y de hecho, no pocos libros que habían presentado otras editoriales no habían conseguido el permiso. Como contrapartida me secuestraron una docena de títulos, me procesaron, etc. Lógicas acciones punitivas ante una política editorial abiertamente incómoda para el régimen. Pero fue un periodo muy estimulante y satisfactorio, si uno lo puede contar.
A.O.:- Usted ha recibido recientemente el Gran Premio de la Provincia de Buenos Aires que otorga el Gobierno de esa provincia para reconocer a personalidades internacionales por su aporte a la literatura mundial.
Y también ha recibido otros premios. ¿Podría decirme si se siente satisfecho en este momento de su trayectoria?
J.H.:- Todos los premios que he recibido (“los demasiados premios”, podríamos decir parafraseando a Gabriel Zaid) han sido tan inesperados como gratificantes. Y aprecio de veras este premio de Argentina, un país que me resulta intelectualmente muy atractivo y que visito con frecuencia. Pero sin duda el mejor premio es poder seguir ejerciendo sin obstáculos imposibles el problemático oficio que elegí: la edición.


A.O.:- Ricardo Piglia, en el acto realizado en el Colegio Rafael Hernández de la ciudad de La Plata, con motivo de la entrega del Gran Premio de la Provincia de Buenos Aires dijo que usted era un editor atento a la literatura argentina. De hecho ha editado a varios autores argentinos. ¿Le ocurre lo mismo con escritores de otros países latinoamericanos?

J.H.:- No siento ningún “patriotismo” especial por Argentina, ni por ningún otro país, incluyendo España. En todo caso, sería el patriotismo de la calidad literaria, la programática atención al talento.
Para limitarme a algunas publicaciones de esta década, hemos publicado a los argentinos Ricardo Piglia, Alan Pauls, Martín Caparrós, Martín Kohan, Graciela Speranza; a los mexicanos Sergio Pitol, Carlos Monsiváis, Juan Villoro, Mario Bellatin, Guillermo Fadanelli, Álvaro Enrigue, Guadalupe Nettel; a los cubanos Antonio José Ponte, Rafael Rojas, José Manuel Prieto, Pedro Juan Gutiérrez; los peruanos Alfredo Bryce Echenique y Alonso Cueto; los venezolanos Alberto Barrera Tyszka y Gustavo Guerrero. Y naturalmente al gran Roberto Bolaño y a otros autores chilenos como Alejandro Zambra y Pedro Lemebel..
A.O.:- Cuando usted recibe el original de un libro de un autor desconocido, ¿lo lee usted primero? ¿pasa primero por un equipo editorial? ¿En el caso de publicar después ese libro, qué factores inciden en su decisión?
J.H.:-Salvo casos muy excepcionales, si se trata de un autor desconocido, pasa por los severos filtros de los lectores de la casa hasta llegar a mí, que soy el último “obstáculo”. El único motivo para publicar un libro es su calidad literaria, la confianza en el autor. Confío en que así lo demuestre el catálogo de Anagrama.
A.O.:-Usted ha editado la obra del escritor chileno Roberto Bolaño. ¿Cómo fue la relación autor-editor entre Bolaño y usted? ¿Era difícil Bolaño, permitía que se le hicieran indicaciones, modificaciones a sus libros?
J.H.:- Una de las mejores que he tenido en mi vida, sin el menor conflicto, sino todo lo contrario, confianza, afecto, complicidad y muchas risas. Me alegré mucho, al leer la famosa entrevista que le hizo Mónica Maristain, que coincidiéramos tanto en la digamos “textura afectiva”.
Puestos ya en el trabajo editorial, Roberto presentaba unos manuscritos impecables. Tuvimos alguna discrepancia muy menor en algún pasaje, en el título de un libro: gotas insignificantes en el océano de una obra tan vasta.
A.O.:- ¿Qué fue lo que ocurrió cuando usted leyó el primer libro de él?
J.H.:- El primero fue el manuscrito de La literatura nazi en América, pero casi inmediatamente después de leerlo recibí una carta suya (entonces no lo conocía) comunicándome que ya lo había contratado una de las varias editoriales a las que lo había enviado. Me pareció excelente, muy emparentado con un libro que yo había publicado: La sinagoga de los iconoclastas de J. Rodolfo Wilcock, un escritor argentino que lo escribió en italiano. Luego Roberto me confirmó lo mucho que le había gustado dicho libro, y así lo dejó escrito en varias ocasiones. El segundo fue Estrella distante, que ya publiqué en Anagrama, una pequeña obra maestra, perfecta. Algunos críticos lo consideran quizá su mejor libro. Y a partir de entonces empezó nuestra continuada colaboración, que me resultó tan valiosa.
A.O.:- ¿A qué autores contemporáneos y clásicos le hubiera gustado editar y todavía no lo hizo?
J.H.:- Muchos, desde luego. Acostumbro a citar a Borges, Juan Marsé, Eduardo Mendoza y podría añadir muchos más. De todas formas, con la gran cantidad de autores extraordinarios en el catálogo de casi 3000 títulos de la editorial, no me siento frustrado por su ausencia en el catálogo sino lo bastante recompensado con su lectura.
Y aunque siempre es gratificante recuperar grandes autores, sirvan como ejemplo nuestra Biblioteca Nabokov y la Biblioteca Capote (y la Biblioteca implícita Piglia), no lo es menos descubrir nuevos autores.

A.O.:-
. ¿Cuántas horas por día dedica a la lectura?

J.H.: - Muchas, pero un editor debe hacer multitud de cosas además de leer. Aunque los fines de semana intento (y casi siempre con éxito, exceptuando en los viajes) dedicarlos exclusivamente a leer, en especial manuscritos, con bolígrafo y post-it.
A.O.:- ¿Cuáles a su juicio son los factores que han hecho de los libros algo tan comercial como se puede observar en la mayoría de las grandes editoriales?
J.H.:- Digamos que en España ha habido mucha más gente en las últimas décadas que ha accedido a la alfabetización y también a la universidad. Muchos son “analfabetos funcionales”, en expresión de Hans Magnus Enzensberger, y otros son los llamados lectores-no-lectores, es decir, lectores episódicos de los bestsellers aparatosos. Pero, pese a la obvia banalización, persiste un núcleo de “lectores fuertes” que permite la existencia de editoriales literarias y el triunfo, gracias al boca oreja, de autores excelentes sin necesidad de lanzamientos especiales.
Como casos recientes en Anagrama, Los girasoles ciegos de Alberto Méndez o Una lectora nada común de Alan Bennett, y podrían citarse muchos más.
A.O.:-. ¿Cómo considera usted que los grandes medios imponen a ciertos autores y a otros los dejan directamente en el anonimato y la oscuridad? ¿Cuáles son los factores que inciden en esto?
J.H.:- Se imponen cada vez más los llamados autores mediáticos, sin el menor interés literario, pero con potencial de ventas. Y también buenos autores literarios, como la fotogénica Zadie Smith, por ejemplo, con un glamour especial que los hace marketables, en dialecto financiero.


A.O.:- Usted se refirió en el acto realizado en el Colegio Rafael Hernández en la ciudad de La Plata a los festivales literarios y a los escritores convertidos en una mezcla de viajante de comercio, músico de rock y predicador. Lo ha dicho con mucha ironía. Y también ha escrito libros sobre edición. ¿Está escribiendo actualmente algún libro sobre la literatura actual y cómo se la está manejando por las grandes editoriales?

J.H.:-No escribo libros, sino conferencias, artículos sobre escritores y editores, casi todos solicitados por algún periódico, “cartas de batalla” sobre el estado de la edición y la coexistencia, a veces ardua, entre grandes grupos y editoriales independientes, sobre la defensa de las imprescindibles librerías vocacionales, de la batalla constante por el no menos imprescindible precio fijo del libro, etc., etc. De cuando en cuando “empaqueto” algunos de esos textos que se transforman en un libro o un librito, seis hasta la fecha. Ahora tengo muchos textos aún inéditos en forma de libro, por lo que posiblemente el año próximo publicaré otro. En general, los libros de editores sobre su oficio interesan mucho a muy poca gente.


© Araceli Otamendi- Archivos del Sur- julio de 2008
Jorge Herralde es fundador y director de la Editorial Anagrama, cuyos primeros títulos aparecieron en 1969. En el catálogo de Anagrama figuran hasta la fecha más de 2500 títulos y en él pueden encontrarse muchos de los autores contemporáneos más significativos en el ámbito de la narrativa y el ensayo, tanto en traducciones como en lengua española. La editorial concede dos galardones anuales para obras inéditas, de gran prestigio intelectual en el ámbito de habla hispana: el Premio Anagrama de Ensayo desde 1973 y el Premio Herralde de Novela desde 1983. Jorge Herralde ha recibido diversos galardones por su actividad editorial: entre ellos en 1994, el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural, otorgado en España por primera vez, el Premio Targa d'Argento La Stampa Tuttolibri de 1999 otorgado por la Associazione Biblioteca Europea en colaboración con dicho periódico. En 2000 recibió el Premio Clarín otorgado por los libreros de Oviedo y también la Creu de Sant Jordi "por la prestigiosa singladura que ha llevado a cabo al frente de la Editorial Anagrama, renovando nuestra sensibilidad a través de la instroducción en el Estado español de los principales autores europeos y americanos contemporáneos, en cuidadísimas traducciones.
En el 2002 Herralde recibió el Reconocimiento al Mérito Editorial de
la Feria del Libro de Guadalajara y en el 2003, en Italia, el Premio Nazionale per la Traduzione del Ministero per i Beni Culturali. En el 2005 recibió la distinción de Oficial de Honor de la Excelentísima Orden del Imperio Británico y el Premio Grinzane Editoria.
En el 2006 fue nombrado Commandeur de l'Ordre des Arts et des Lettres. Como autor, Jorge Herralde ha publicado cuatro libros relacionados con su trayectoria editorial: Opiniones mohicanas (Aldus, México, 2000; edición ampliada El Acantilado, Barcelona, 2001), Flashes sobre escritores y otros textos editoriales (Ediciones del Ermitaño, México, 2003), El observatorio editorial (Editorial Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2004), Para Roberto Bolaño (publicado simultáneamente en otoño de 2005 por Acantilado (España), Adriana Hidalgo (Argentina), Alfadil (Venezuela), Catalonia (Chile), Sexto Piso (México) Villegas Editores (Colombia) y por Estruendomudo (Perú).
En 2008 Jorge Herralde recibió el Gran Premio de la Provincia de Buenos Aires. El Gran Premio de la Provincia de Buenos Aires surgió como iniciativa del historiador y escritor Mario Pacho O´Donnell para reconocer a personalidades internacionales por su aporte a la literatura mundial y fue entregado a Herralde por el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Daniel Scioli.
© Araceli Otamendi – Archivos del Sur - 2008



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