viernes, 20 de mayo de 2022

Entrevista a Hugo Biagini por Araceli Otamendi

Hugo Biagini


 (Buenos Aires)

Hugo Biagini nació en la República Argentina en 1938. Investigador principal del CONICET y catedrático en las universidades de Buenos Aires, La Plata y del Sur, ha sido profesor invitado en el exterior por el Centro de Estudios Constitucionales y por universidades como la UNAM de México, la Autónoma de Madrid, la de Santiago de Chile y la Nacional de Costa Rica. Sus principales áreas de investigación abarcan la historia de las ideas, el pensamiento alternativo y la filosofía latinoamericana; liberalismo, positivismo y socialismo; identidad, juvenilismo, exilio y utopía. Fue premiado y distinguido por su obra y su trayectoria, tanto local como internacionalmente. Es Director de la sección de Pensamiento Argentino de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, del Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional de Lanús y del portal www.cecies.org. Ha sido cofundador del Corredor de las Ideas del Cono Sur, una red de intelectuales comprometidos con los desafíos emancipatorios de la globalización. Organizó los programas televisivos auspiciados por la Secretaría de Cultura de la Nación y dedicados a los filósofos argentinos, José Ingenieros , Alejandro Korn , Coriolano Alberini , Francisco Romero y Carlos Astrada.

A raíz del libro que está preparando sobre José Ingenieros, entrevisté a Hugo Biagini para la revista Archivos del Sur:

¿Está preparando un libro sobre José Ingenieros, qué lugar ocupa  actualmente en la Argentina el pensamiento de Ingenieros?

Permítame puntualizar de entrada, sin falsas modestias, aquello que hemos dado a conocer nosotros mismos en torno a la obra de nuestro autor: José Ingenieros. Primeramente, hemos encabezado un proyecto en torno a la indización de su pionera Revista de Filosofía. Cultura, Ciencias y Educación  (1915-1929), el cual fue editado por la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires hacia 1984. Dicho material iba a ser acompañado inmediatamente por nuestro lanzamiento del temático libro colectivo El movimiento positivista argentino (Ed. de Belgrano). Tuvimos también ocasión de adelantarnos en sacar un video que sería ampliamente difundido: “El filósofo José Ingenieros”, patrocinado por la Secretaria de Cultura de la Nación en 1999. Por último, el equipo editor de Capital Intelectual nos convocó para prologar en 2011 una edición de El hombre mediocre; esa obra popular que, en la mayoría de sus numerosos casos, había salido sin introducción ajena.  

Ahora sí, en efecto, hoy día estamos implementando, con Alejandro Herrero, un volumen singular en torno a la figura y la obra de José Ingenieros en vísperas de conmemorarse, en pocos años más, el centenario de su temprano fallecimiento. Se trata de un  libro voluminoso que va a incluir no sólo autores argentinos sino también de extramuros -como Pablo Guadarrama, Yamandú Acosta, Gabriella Bianco, Alex Ibarra Peña o Carlos Rojas, dada la trascendencia del autor en cuestión, que sigue siendo objeto de un análisis inagotable allende las fronteras.  

Más allá de los cuestionamientos al uso, Ingenieros, como Alejandro Korn y otros casos ulteriores que se han dado en la Argentina, pertenecen en principio a lo que se ha dado en llamar el contingente de los patriarcas o fundadores del filosofar latinoamericano, quienes han sido objeto otrora de diversas publicaciones por parte de la División de Filosofía y Letras de la Organización de los Estados Americanos (OEA); entre las cuales se destaca la labor bibliográfica llevada a cabo por don Arturo Andrés Roig para las fuentes disciplinarias vinculadas con nuestro país y con el mismo Ingenieros.

Este último ha venido creciendo en los últimos tiempos, debido no sólo por el incremento exponencial de la industria del paper sino también por el efecto especial que han causado estudios orgánicos ad hoc como los que han aparecido bajo la égida de entidades investigativas, al estilo del CEDINCI et alia.

 

¿José Ingenieros sería un discípulo o tributario de Sarmiento en cuanto a la idea de concebir a una sociedad argentina formada por inmigrantes europeos y descendientes de esos inmigrantes en desmedro de los pueblos originarios? ¿Esta sería una de las facetas oscuras de Ingenieros?

No sólo por parte de Ingenieros sino de tantos otros notables que tomaron como una verdad axiomática la superioridad racial y se dejaron seducir entonces por el mito de la  nordomanía, en el cual Sarmiento cumplió un papel fundamental, hasta llegar a prolongarse en la mal llamada belle époque.

Por ese entonces, Ingenieros, tanto en su opus más célebre como en la encumbrada revista Caras y Caretas (27 febrero 1915) no vaciló en adherir a la pigmentocracia y a visualizar en  Sarmiento a un Genio con mayúscula, como una luz enfrentada  a  la “barbarie americana”  y al “caciquismo gauchocrático”…

Una postura discriminatoria que el mismo Ingenieros ya había hecho pública, inter alia, hacia 1905, durante el Congreso Internacional de Psicología, al cual asistió como enviado especial del diario La Nación y en el cual se despacha contra el saber filosófico y los sociólogos soñadores, la inferioridad de las razas de color y las clases pobres, el voto femenino, las huelgas y “la pesadilla marxista” (de la lucha de clases), la “masa ignorante” y “la inteligencia infantil de las muchedumbres”; para exaltar en cambio el “oasis” de la ciencia, la civilización ariana, la élite intelectual, la retórica antiburguesa o la grandeza del imperio de Occidente (Cfr. edición crítica de Cristina Fernández, Las crónicas de José Ingenieros, Univ. de Mar del Plata, 2009).         

Con semejante discurso, Ingenieros estaba reproduciendo a su manera los grandes sonsonetes o “zonceras” –Jauretche dixit– de la  dirigencia argentina …

 

¿Cómo ubicaría usted el pensamiento de José Ingenieros junto al de Juan B. Justo y el socialismo?

Ello va depender del período que se tenga a la postre en cuenta: bastante por debajo, si nos detenemos en la sostenida etapa etnocéntrica de Ingenieros y de su socorrida visión sobre Iberoamérica como un continente enfermo por los efectos de un pernicioso mestizaje; una tesis entonces compartida hasta por varios sectores  del propio arco socialista.  

Frente a ello, nos encontramos con un Justo de avanzada que reniega de la deificación de la ciencia y en su Teoría y práctica  de la Historia procura “militar del lado donde no hay privilegios”, renegar del sociólogo desarraigado y  del  puro observador –como de los zoólogos “ante las ostras” –, mientras pone en tela de juicio las explicaciones organicistas y racialistas, aplaudidas por los sectores más encumbrados para sojuzgar a la población. (Para un pendant entre Justo e Ingenieros, junto a las limitaciones conceptuales de este último, véase un reciente trabajo de Américo Schvartzman, “El lado oscuro de Ingenieros”, La Vanguardia Digital, 21 diciembre 2018; sobre Justo más en particular,  nuestra colaboración en https://ensayistas.org/critica/generales/C-H/argentina/justo.htm

 Claro está que ya otro cantar sería la reivindicable postura que Ingenieros adoptaría más adelante, cuando adhiere a la Reforma Universitaria, a la Revolución rusa y, al final de su vida, versus el imperialismo yanqui y a favor de la Unión Latinoamericana, lo cual le depararía una legión de seguidores.

 

¿Cuál sería la discrepancia que tuvo Ingenieros con el Gobierno de Roque Sáenz Peña y cómo se podría considerar hoy?

Resentido por el desplazamiento experimentado en un concurso docente para la cátedra de Medicina Legal, Ingenieros rompe lanzas unilateralmente con el presidente Sáenz Peña por atribuirle –al introductor del proceso democratizante en la Argentina– el haber vetado su candidatura académica e incidir en la designación de un tercer postulante.

Ello habría inducido al mismo Ingenieros –en un afán de notoriedad– a abandonar sus cargos, alejarse  temporariamente del país y conceptuar a Sáenz Peña como “arquetipo de las mediocracias”, en contraposición a “ejemplares luminosos” estilo Sarmiento y Ameghino.

Con referencia a la valoración actual en torno a ese sobrepreciado affaire de Ingenieros, véase un reciente estudio integral en torno suyo: Mariano Ben Plotkin, José Ingenieros. El hombre que lo quería todo (Edhasa, 2021, pp. 179-183 y 193-203).

 

 ¿Cuáles son las obras de Ingenieros que tendrían vigencia en la actualidad?

Estaríamos aquí frente a sus últimos libros propios y a los trascendentes emprendimientos culturales que ha encarado por su cuenta, como  la colosal Revista de Filosofía o la masiva colección de La Cultura Argentina. Más en particular, señalamos su pionera contribución a la crítica causa juvenilista, con textos suyos como Las fuerzas morales, dedicado “A la juventud de América Latina”, donde se apela a una Nueva Generación –obviamente, la de la Reforma Universitaria– no corrompida por una filosofía retardataria y que podría cargar sobre sus hombros con un emprendimiento titánico: instaurar la solidaridad y la justicia social.

Ante la nueva conciencia histórica que surge para él en un mundo cansando de enfermos y de viejos, esos jóvenes estudiosos, empuñando la Antorcha y pronunciando el Verbo, coadyuvarían a unir la patria grande para evitar su colonización imperial.

No resultaría así un episodio banal el hecho de que los mismos estudiantes nuestroamericanos decidan postular a Ingenieros como “Maestro de la Juventud”; distinción que también hicieron aquéllos extensiva a otros venerables personajes, como Martí, Rodó, el primer Vasconcelos o Alfredo Palacios.  

                                                                       *  *  *

A la postre, con José Ingenieros se revierte enfáticamente el apotegma “De joven incendiario, de adulto bombero”, pues vamos a  tener en sus comienzos un Ingenieros iconoclasta que le dedica su diploma de egresado a un fulano de tal –Maximio García,  portero de la Facultad–; que dirige con Lugones un periódico radicalizado (La Montaña);  que integra la vanguardia partidaria del socialismo y que lanza un resonante folleto en torno a ese arco político, donde condena al capitalismo rentista y propugna socializar los medios de producción.

Poco tiempo después, hacia 1902, Ingenieros empieza a practicar el trillado  camino conservador: abandona el socialismo, se inclina hacia la “sociología científica”, el darwinismo social y hasta coquetea con el roquismo.

Sin embargo, en los últimos años de su no muy dilatada existencia, Ingenieros rompe con el supuesto esquema evolutivo y madurador, para abocarse a un nuevo emprendimiento supranacional: implementar el viejo sueño bolivariano de la mancomunión regional y continental…  

(c) Araceli Otamendi - Archivos del Sur 

 


 

 

 

 


Entrevista a Josefina Robirosa por Araceli Otamendi

 

Josefina Robirosa - foto (c)Alicia Schemper



(Buenos Aires) 

En el año 2004 entrevisté a la artista plástica Josefina Robirosa en su departamento de San Telmo, frente al Parque Lezama. La entrevista está publicada en el portal , soporte anterior de la revista Archivos del Sur. Ha fallecido a los 90 años. 

Se publica ahora en este blog de entrevistas:



Josefina Robirosa empezó a pintar a los diecinueve años, cuando ya habìan nacido sus dos hijos. Estudiò con Basaldúa. Ha expuesto en numerosas muestras individuales y colectivas  desde 1957 hasta la fecha y sus obras figuran en el Museo Nacional de Bellas Artes, Museo de Arte Moderno, Museo Genaro Pérez de Tres Arroyos, Argentina. Colección ITT, New York, Estados Unidos. Albright Knox, Búfalo, Estados Unidos.

Ha recibido los premios fundación Banco Ciudad a las Artes Visuales, Mención Honorífica del Jurado, 90º Salón Nacional de las Artes Visuales, Sección Pintura,   2º Premio (2001), Premio Codex de Pintura Latinoamericana, Museo de Bellas Artes (1968), 2º Premio Salón Nacional de Artes Plásticas, Buenos Aires, Argentina (1967).

Ha sido Directora del Fondo Nacional de las Artes y es miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes.

Su última muestra es en la Galería Rubbers.

Entrevisté a Josefina Robirosa en su departamento del barrio de San Telmo, frente al Parque Lezama, un lugar luminoso y cálido donde además tiene su taller.

¿Cuáles son los temas de tu pintura ahora?

 

Estoy bastante entusiasmada. Empecé hace dos o tres años con esta temática, es la primera vez que pinto con un desconcierto absoluto de lo que va saliendo, inevitablemente, seguí haciendo lo que tenía que hacer a pesar del desconcierto. Porque generalmente uno quiere aprobar lo que hace y  no lo consigue.

También me sentí  obligada a escribir yo el prólogo del catálogo de esta muestra.  Tengo 72 años y creo que me ha llegado el momento de contar algunas experiencias.

 

¿Cómo definirías a tu pintura?

He visto muchas manifestaciones de arte políticamente correcto, socialmente correcto, los críticos siempre estaban más conformes con una obra que pertenecía a determinada escuela, y como yo he sido bastante independiente y sobre todo con grandes conflictos, nunca pertenecí a las escuelas. Siempre consideré más valioso hacer lo que me parecía a mí que estar mirando lo que se hacia fuera o lo que hacían determinados grupos. Nunca  entendí

esa valoración de los críticos que decían: “Ah, esto es original!”, no me parece tan valedero ser original, porque si seguís en lo tuyo, tal vez con el tiempo podés encontrar algo mucho más particular que lo que se puede anticipar.

Siempre me sentí un poco al costado de todo. Tenía  además una falta de identidad que me hacia sentir sumamente incómoda. Además a los 19 años ya tenia mis dos hijos, me casé a los 17. Me acuerdo que todas las mañanas salía a caminar por Martínez, donde vivía hasta unos viveros que había un poco lejos de casa y cuando llegaba ahí hablaba con los jardineros, tenía la necesidad de conversar con alguien porque sino no sentía que yo existía.

Después me decían que yo era frívola porque salía mucho con mi marido. Si iba a vivir de la pintura tenía que relacionarme y eso siempre lo he hecho con un gran esfuerzo.

 

 

¿Crees existe la causa y el efecto en el arte, cómo se llega a alcanzar el éxito?

 

Creo que no hay causa y efecto, yo creo que los beneficios vienen mucho más arbitrariamente y por otros circuitos.

 

 

Pasando a otro tema, quisiera saber cuál es tu visión de  los chicos jóvenes a los que les interesa el arte, actualmente muchos  prefieren eso, ir directamente a hacer obra antes que seguir una carrera universitaria.

 

Sí, la gente joven me da mucha esperanza en este país. Las periodistas jóvenes, mis nietos, me dan una alegría porque siento la sustancia, tienen una cosa positiva, no se están ocupando de la anécdota que ya está podrida. Los seres humanos adultos, con honrosas excepciones, están muy descolocados.

Vuelvo al prólogo que escribí. Yo no entendía mucho mi trayecto en la  pintura, más bien me criticaba porque cambiaba mucho, ahora sentí que tenía que escribir el prólogo porque explico las distintas épocas de mi pintura, de acuerdo con la conciencia de mis emociones. En los años 50 no existía la palabra psiquis, no existía la palabra terapia. Yo decía ¿cómo no me dijeron que era  tan horrible vivir? Nos enseñaban a los diez años que esto era un valle de lágrimas. Y ahora me dedico a terminar con  esos conceptos porque la vida me parece un prodigio.

¿Qué fue lo que te llevó a cambiar de opinión?

 

Hace quince años a raíz de la enfermedad de  mi marido, el escultor Jorge Michel,  empecé a hacer meditación. Empecé a meditar, es una experiencia que te va desbloqueando. Creo en la energía, en la meditación. La meditación básicamente es el no pensamiento. En el prólogo que escribí en el catálogo de la última muestra, explico que los cuadros salen de estas experiencias de meditación.

Lo cuento porque creo que hay que contarlo, los bloqueos emocionales cortan la energía y eso produce la enfermedad. ¿Por qué voy a esperar a contarlo? Lo cuento porque esto puede ayudar a la gente.

¿Cómo sentís esa energía cuando estás pintando?

 

Percibís lo que pasa en el cuerpo, todo tipo de densidades de la energía, verticales, horizontales, espirales. Me di cuenta que mi pintura ahora, tiene mucho que ver con lo que yo pintaba cuando tenía veinte años, con una enorme libertad y espontaneidad. Ahora me reencontré con mi primera obra que es la que considero mejor.

 ¿Cuándo empezaste a pintar?

 

A los diecinueve años, después de casada. Tenía los dos chicos gateando.

 

¿Estudiaste con alguien?

 

Sí, estudié con Basaldúa, era una persona agradable. Estudiar con él tenía una ventaja, se acercaba y decía: “pare, pare! Ya está bien!” porque si sos insegura seguís trabajando.

 

¿Cuáles eran los temas que pintabas cuando empezaste?

Pintábamos con modelo, éramos amigos de la modelo, también pintábamos naturalezas muertas. A los veintidós años me quedé en casa pintando en un garage que no usaba, porque en esa época casi nadie tenía automóvil.

 

Eras independiente para hacer tu obra, ¿de dónde venía esa actitud?

 

No tuve otro elemento que me guiara más que la razón. Y mi campo emocional estaba yermo. Salía de mi casa a caminar y pensaba: “yo quiero poder querer”.

 

¿Cuál es tu visión de la época  en tu juventud,   cuando empezaste a pintar?

Creo que antes, hace más de cincuenta años,  había como un respeto entre unos y otros, la gente de trabajo tenía como una mística, el que sabía poner bien el cemento o trabajar bien la madera, estaba orgulloso de eso. Tengo la desgracia o la suerte de tener un nombre de calle en mi apellido, porque soy descendiente de Alvear  por parte de mi madre, y eso me lo han hecho pagar con sangre, sudor y lágrimas. Mis amigos reos me decían que era una “nena bien que pintaba” o tal vez lo pensaran y  para los de la clase social de mis padres yo era alguien de afuera, porque yo pintaba y por eso desconfiaban. Nunca encajé en ningún lado. Mis amigos del barrio ahora son el vendedor de revistas, los mecánicos de los autos. Creo no tengo clase social.

Mi segundo marido, el escultor Jorge Michel, que manejaba guinches en Necochea, me hizo ver realmente la Historia argentina.

Creo que lo que  se terminó es “la zanahoria delante del burro”, ese deseo de hacer cosas, de querer querer, de tener una vida armónica y sentir que los demás existen. Michel, mi marido, era un reo, odiaba la frivolidad, la tilinguería.

A mí la anécdota de la vida me parece hojarasca, es el desecho, no me interesa. Me gusta la naturaleza, observarla, en televisión me gusta ver animal planet, por ejemplo,

 

Creo que también hay un arte muy vacío actualmente, ¿cómo lo ves vos?

Creo que sí, incluso me han dicho que en una cátedra de arte están incorporando enseñanza de arte conceptual, y con eso estás cerrándole la cabeza a los que van a aprender. Están achatando tanto, tal vez lo hacen  porque es una exigencia de la crítica.

Ahora hay un andamiaje de poder donde los curadores cobran sueldo en las revistas, en los museos, constituyen un poder que antes no existía, antes pintábamos sin críticos.

 

 

Leí recientemente en un libro  que aquí se produce un arte vacío de contenido porque eso facilita la colonización con contenidos de afuera.

Acá nos copiamos de afuera, ni siquiera se genera acá, también nos están colonizando.

Mis amigos pintores, por ejemplo, son independientes.

Toda la vida no alcanza para aprender a pintar, no sabía lo que yo sabía, para que tu cabeza invente, tenés que tener la posibilidad de lograr eso, sino no se te ocurre. El límite de la creación está en el conocimiento. La gente no puede ver las cosas más simples, hay cosas que vivimos todos los días y que no las vemos.

 

Si se encuentra un vacío tan grande incluso en el arte, ¿en qué se puede creer actualmente?

Creo que cuando uno se alinea, se da cuenta, el universo es infinitamente benigno. Está previsto una vuelta a la conciencia que ha tenido la humanidad, que ha estado armonizada con la naturaleza antes que ahora. Estamos viendo un descreimiento y un cambio de dioses y el dios dinero pero para el dios Dios, para la conciencia divina, la conciencia total es puro Amor. No creo en el pecado, creo que hay error porque necesitamos aprender, creo que hay amor y armonía.

 

(c) Araceli Otamendi- Todos los derechos reservados

lunes, 18 de abril de 2022

Entrevista a Sara Facio por Araceli Otamendi


(Buenos Aires) Araceli Otamendi 
A veinte años de la muerte de Julio Cortázar entrevisté a la fotógrafa y artista argentina Sara Facio de quien se celebra hoy su 90 cumpleaños. La entrevista está publicada en el soporte inicial de la revista Archivos del Sur ya que aún no existía este blog de entrevistas. La reproducimos hoy a modo de homenaje ¡Feliz cumpleaños Sara!

"Me da mucha alegría saber que todavía lo sigan apreciando tanto no solamente como escritor sino que la gente se da cuenta que fue una persona muy cálida, muy comprometida con su época, que eso nos gusta tanto a todos, jóvenes y mayores, estar comprometido con su momento, no sólo en lo político sino realmente en lo cultural, era un hombre que estaba totalmente al tanto de lo que pasaba en literatura, en cine, en teatro, en música, era una persona que vivía su momento, eso me gusta mucho."

 ¿En qué año lo conociste a Julio Cortázar, Sara?

 

En 1967.

 

¿Fue en París?

 

Sí, en París, yo llevaba  las  fotografías de lo que fue mi primer libro Buenos Aires Buenos Aires y él tenía que escribir los textos. Fui a la casa y ahí tuve la suerte de conocerlo.  Nos caímos muy bien,  hubo muy buena química y siguió la amistad. Después de eso, en el 67, normalmente por mi profesión yo iba casi todos los años a París y nos encontrábamos tanto en París como en varios lugares de Europa donde coincidimos y también las  veces que él estuvo acá.

 

¿Cómo fue ese primer encuentro con Cortázar, le tomaste la fotografía donde está con el cigarrillo en la boca durante esos momentos?

 

Esa fotografía, la preferida de él se la tomé a los pocos días de conocerlo. Inclusive me decía con una gran intuición: “Me gustaría que un día si se hiciera un libro sobre mí, esa fotografía esté en la tapa”.  Ese deseo se cumplió bastante porque ya hay cerca de una docena de libros sobre Cortázar que tienen esa foto en la tapa. Además la toman mucho los artistas plásticos y los dibujantes empezando por Sábat, a quien admiro muchísimo, también me halaga que hasta él use esa fotografía para hacer

 un dibujo de Cortázar.

Esa fotografía es muy linda. ¿Cómo era Julio Cortázar para fotografiarlo,  además de un ser humano que supongo excepcional?

 

Por suerte cuando yo lo conocí empezaba su fama, eso fue en el 67. A partir de la publicación de Rayuela,  la obra de Cortázar tuvo una trascendencia mucho más grande. Los que lo leíamos antes de Rayuela ya lo conocíamos y lo respetábamos pero ese alcance más grande fue a partir de esa novela. No solamente en Argentina sino en América Latina y también en Europa. Cortázar se ganaba la vida como traductor, prácticamente no cobraba derechos de autor. Con el éxito de Rayuela,  comenzó a publicar también en Europa y ya pudo dedicarse por completo a la literatura personal, de él. Porque también siguió haciendo traducciones, muy contadas, lo que a él le interesaba como literatura, pero no ese trabajo que él hacía en la Unesco, que traducía a lo mejor informes que a él ni le interesaba, como todo trabajo donde uno a veces tiene que hacer cosas que no le interesan.

 

Cuando lo conociste a Cortázar ¿él estaba casado con Aurora Bernárdez?

Sí, estaba casado con ella, Aurora Bernárdez fue su primera mujer. Después, a lo largo de la vida conocí, a la segunda mujer, Ugné Karvelis, y también a la tercera y última Carol Dunlop. Con ninguna de las tres tuve amistad, a pesar de que a Aurora la conocía más porque ella es una mujer del ambiente cultural, también una gran traductora y además hermana de un gran poeta nuestro, Francisco Luis Bernárdez. Aurora tenía también una aureola de persona de nuestra cultura, con ella tenemos muchos amigos comunes. Vos sabés cómo es la vida, cuando una pareja se separa uno siempre se queda con uno de los dos.

 

Generalmente es así.

Es así, no por mi voluntad, no tengo nada que decir, inclusive con Aurora nos vemos, nos encontramos en el consulado cuando hubo una votación aquí en Argentina, charlamos largamente, tomamos un café. Y alguna vez que  fui a París después de la muerte de Julio nos hablamos por teléfono, y con la cuestión de estos homenajes que están haciendo en todos lados por los veinte años de la muerte de Julio.

 

¿Podrías recordar alguna anécdota de Cortázar, alguna particularidad?

Una de las cosas que más me gustaban de Julio Cortázar  como persona, como amigo, era su gran  sentido del humor. Hacía todo el tiempo muchos juegos de palabras, de decir palabras al revés, de reírse de ciertas formas del uso del lenguaje. Inclusive cuando estaba acá se moría de risa de las cosas que decía la gente por la calle. Le causaban mucha gracia algunas  de las expresiones nuevas que él no conocía  porque después de vivir tantos años afuera, eso era algo que él quería rescatar muchísimo.

¿En la literatura?

 

Y en la vida también, porque lo divertía. Tenía mucho, mucho oído,  así dicen los grandes escritores que he conocido que hay que tener, mucho oído para escuchar no solamente lo que piensa o lo que siente la gente sino cómo lo manifiesta en el lenguaje oral.

 

¿Y vos pensás que cuando venía de visita a la Argentina se llevaba todo ese material para su vida?

 

Sí, sí  (risas). A él le encantaba todo lo que decía la gente por la calle. Era una cosa que me llenaba de emoción a mi también es que un día vino a mi casa, porque residía en ese momento, en un viaje que hizo acá, a dos cuadras de mi casa. Entonces pasaba todo el tiempo y además le gustaba como yo cocinaba y a veces se quedaba a comer a la noche y después se iba de farra, como él decía “me voy de farra”. Salía con amigos, de noche. Entonces él me contó un día, con lágrimas en los ojos, que había tomado un taxi y “que el tachero...",  te lo digo como él me dijo: “El tachero me reconoció y no me quiso cobrar el viaje. ¿Pero vos te das cuenta? Eso en otro país no pasa”. Y es posible.

A Cortázar lo reconocían entonces.

 

Sí, le sorprendieron ambas cosas, que el taxista lo hubiera reconocido y además ese gesto tan de caballero de no querer cobrarle el viaje, que era su trabajo, Cortázar estaba muy emocionado.

 

¿En qué año ocurrió eso que me contás?

 

Eso fue en el 73, cuando él donó los derechos del  Libro de Manuel a las familias de presos políticos, entonces hubo un acto grande, en un sindicato o un gremio. Casi todas las noches pasaba por mi casa a tomar una copa o a comer fideos, me contaba todo lo que había escuchado por la calle.

 

Volviendo al principio , ¿en cuántas oportunidades lo fotografiaste, además de la famosa fotografía del cigarrillo?

 

No demasiado, porque tuve la suerte desde que comencé a ser fotógrafa profesional de hacer fotografías de gente muy muy conocida y muy famosa y tengo amigos íntimos que son artistas muy famosos. Entonces no quiero ser cargosa ni fotografiarlos cuando estamos en la intimidad. Recuerdo siempre una anécdota de una fotógrafa muy famosa, norteamericana, Diane Arbus cuenta que los amigos y la familia no la podían soportar porque estaba todo el tiempo sacándoles fotos. Hoy estarán arrepentidos. Pero a mÍ eso no me gusta. Le tomé fotografías a Cortázar esa primera vez, cuando lo conocí  le tomé esa fotografía que se volvió tan famosa (con el cigarrillo en la boca) y eso fue en los jardines de la Unesco, con luz al natural, al aire libre.

En el 68, un año después, cuando fuimos a celebrar la salida de ese libro “Buenos Aire  Buenos Aires” también le hice una serie de fotos grandes en colores, ya se usaba mucho el color y necesitaba tener esas fotografías. Yo creía que Julio iba a ser mucho más famoso de lo que era, con el tiempo y no me equivoqué. Quería tener un archivo bueno de fotos de él. Y después, cuando estaba en Buenos Aires, lo fotografíé poco, lo tomé en ese acto político porque quería tener las fotografías como documento, estaba él con toda la gente. También lo fotografié en mi casa, en interiores, y después alguna vez en París, pero no eran ya grandes fotos ni sesiones de fotografías.

 

¿Cortázar era fotogénico?

 

Sí, era muy fotogénico porque era muy buen mozo.  Era un tipo interesante, de ojos claros, muy atractivo.

 

¿De qué color eran los ojos?

 

Eran claros, ni celestes ni verdes, tirando al dorado, marrón clarito. Más allá del color y la forma lo que tenían los ojos de Julio eran esa vivacidad, ese interés que él ponía. Lo que era importante de Julio Cortázar era que cuando hablaba con una persona la miraba y la escuchaba. Entonces eso hace que uno tenga un contacto más interesante.

 

Tenés un lindo recuerdo de él.

 

Sí, muy lindo. La verdad es que tuvimos una amistad que no fue empañada nunca por nada, desde que nos conocimos hasta la última vez que nos vimos. Sentí muchísimo su ausencia, hasta hoy. Cada vez que llego a París me da pena no poder llamarlo o ir a comer, a tomar una cerveza.

 

¿Le gustaba tomar cerveza a Cortázar?

 

Nos gustaba a los dos más el vino pero de golpe, en verano, tomábamos alguna cerveza. El era muy buen bebedor. Era también un gran gourmet.

 

¿Cocinaba  él?

 

 Que yo sepa no. A lo mejor en el campo. Pero en  las casas de él que conocí no cocinaba , inclusive en la de Ugné tenían cocinero, porque ella era una persona de dinero.

 

¿Te gustaría agregar algo más sobre Cortázar?

 

Me da mucha alegría saber que todavía lo sigan apreciando tanto no solamente como escritor sino que la gente se da cuenta que fue una persona muy cálida, muy comprometida con su época, que eso nos gusta tanto a todos, jóvenes y mayores, estar comprometido con su momento, no sólo en lo político sino realmente en lo cultural, era un hombre que estaba totalmente al tanto de lo que pasaba en literatura, en cine, en teatro, en música, era una persona que vivía su momento, eso me gusta mucho.

 

 

© Araceli Otamendi – Todos los derechos reservados

fotografía: autoretrato de Sara Facio, gentileza de la autora.

 

 

 


 

 




lunes, 14 de febrero de 2022

Diez años de silencio y entrevista póstuma a Héctor Borda ve la luz por Javier Claure C. poeta

Héctor Borda y Javier Claure C. (de izq. a der.)

 
el poeta Héctor Borda 











(Estocolmo) Javier Claure C.

Héctor Borda Leaño falleció, a los 95 años a la una de la madrugada del día miércoles 26 de enero, en la ciudad de Malmö (Suecia). Sin ningún género de dudas, Borda Leaño ha sido uno de los grandes poetas de Bolivia y un orgullo para Oruro, la ciudad que lo vio nacer. Fue miembro del movimiento poético “Gesta Bárbara”. Ha publicado varios poemarios y ha obtenido dos veces el “Premio de Poesía Franz Tamayo”. Primero en 1967 por su poemario “La Ch’alla” y en 1970 por su poemario “Con rabiosa alegría”. En 2010 el Estado Plurinacional de Bolivia, le otorgó la medalla al mérito cultural Marina Núñez del Prado. Ha participado, junto a Homero Carvalho y Alberto Guerra (†), en el Encuentro de Poetas y Narradores en Estocolmo (Suecia, 1991).

De izquierda a derecha: Ruth Cárdenas, Luis Vélez, Ángel Ontiveros, Nora Zapata Prill, una amiga, Alberto Guerra, Javier Claure y Héctor Borda  - foto (c) Homero Carvalho                                                            

                     


El vate orureño también fue político, diputado y senador del Partido Socialista junto a Marcelo Quiroga
(†). Tras el golpe de Estado perpetrado por el general Hugo Banzer, en 1971, tuvo que exiliarse en Argentina. Cinco años más tarde, vino el golpe militar liderado por Jorge Videla. Y nuevamente tuvo que salir al exilio, esta vez a Suecia. También estuvo exiliado en Brasil. Con el retorno de la democracia, en 1982, volvió a Bolivia y fue senador por el Partido Socialista (1982-1985).

El poeta de la tierra de Sebastián Pagador, indagó sobre el misterio de la vida humana y las interrogantes acerca del sujeto en una sociedad.  El poema para él era una fusión entre el mundo y la realidad. A veces una realidad que no se ve y que, en muchos casos, es intolerable para el espíritu del poeta. Por lo tanto, la búsqueda de un horizonte social se hizo más amplio y certero. Y para denunciar los atropellos contra los valores humanos encuentra nuevos formatos, nuevas metáforas y mensajes que tocan las fibras más profundas del lector.

Borda Leaño trabajó, como makipura (trabajador temporal), en la mina San José de Oruro. Y observó de cerca las injusticias sociales, la desigualdad hiriente, la triste realidad del proletariado minero y siente un dolor metafísico. Entonces, desde sus entrañas, nace la poesía social y su lenguaje poético va registrando la pulsación que obedece a un tiempo y espacio determinado. Esa respiración que transcurre entre la vida, las condiciones, los sufrimientos, las alegrías, las muertes y los carnavales de Oruro, es  caldeada en el horno de volatilización de la Fundición de Estaño de Oruro. De ahí toma cuerpo su poesía contestataria. Y, por consiguiente, su conciencia social se expandió mucho más allá que un mero acto intelectual. En muchos de sus poemas hay una voluntad de proyectarse hacia “el otro”, hacia el más débil y necesitado.

 

La presente entrevista se realizó hace diez años.

Javier Claure: Escribir poesía puede ser un acto de hacer frente a la miseria humana.

¿Cómo defines tu poesía? 

Héctor Borda: Durante mi juventud me dediqué a la política en Bolivia. Las grandes injusticias sociales me marcaron mucho. Y esto lo expreso en mi poesía. Por mis propias circunstancias me acerqué a las minas, y como trabajador conocí a fondo el proletariado minero. La vida del minero toca las fibras más hondas de mi ser, y mi poesía va tomando cuerpo en ese sentido. No sé si es una forma de hacer frente a la miseria humana, pero es para mí una forma de decir mis verdades y mi sentir.

 

JC: Sé que pertenecías al movimiento poético Gesta Bárbara de Oruro. Hablando con Alberto Guerra (†) me contó que fuiste tú, quién lo invitaste para que formara parte de ese movimiento. ¿Cuéntame algo de esa época?

HB: Primero que nada, los muertos siempre tienen más razón que los vivos. Así que no vale la pena refutar las afirmaciones de mi querido amigo Alberto. Pero si de algo sirve, te diré que en ese tiempo existían dos Gestas Bárbaras. Una que vio la luz en Potosí con Enrique Viaña, y otra fundada en La Paz por Gustavo Medinaceli a su regreso de Europa. Yo no pertenecía a ninguna de ellas, era simplemente un observador, un colado. Aquí quiero acotar que los vivos pueden equivocarse, los muertos ya no se equivocan.

JC: Tu último poemario lleva como título “Poemas Desbandados”. ¿Podrías contarme algo sobre los poemas incluidos en ese libro?. ¿En qué te inspiraste?

HB: Los poemas de ese libro están inspirados en personajes reales recogidos de todos los rincones de Bolivia. Poemas desbandados es una antología de otros libros anteriores.
 

J.C: ¿De qué manera ha influido en tu poesía, el hecho de haber vivido exiliado en Suecia?

HB: Mi producción poética de mayor intensidad se da mucho antes de llegar a Suecia. No creo que el exilio en Suecia haya influido mucho en mi poesía. Es un exilio de estómago lleno. En Suecia yo me entrego a la lectura totalmente, y estoy como parado frente a un semáforo en rojo esperando el momento para pasar. Sin embargo, otros exilios en otros países de América Latina influyen en mi poesía, especialmente cuando vivía exiliado en Argentina. No solo por las circunstancias políticas que me tocó vivir allí, sino también porque me involucro justamente en esas circunstancias. Conocí a gente con ideas progresistas y empecé a compartir mi poesía con poetas y escritores comprometidos con su país. La necesidad de escribir se hizo más intensa.
 

JC: Por último, ¿Cómo poeta qué opinas de la muerte?

HB: Cuando uno tiene la edad que yo tengo, ahora 85 años, no se pregunta eso. Pero puedes leer mi poema "ch’alla de la muerte", y así sabrás lo que opino de la muerte en términos de la poesía.

 

Hasta siempre querido amigo Héctor Borda Leaño. Nunca me llamaste con mi nombre, recuerdo con cariño cuando me decías “Claurecito”. Tus consejos los llevo en mi universo interior.

(c) Javier Claure C.

Estocolmo

* Javier Claure Covarrubias es uno de los organizadores del Encuentro de Poetas y Narradores Bolivianos en Estocolmo (Suecia, 1991).

Javier Claure Covarrubias es un escritor y sociólogo de origen boliviano radicado en Suecia

texto y fotos enviadas por Javier Claure C. para su publicación en la revista Archivos del Sur 


viernes, 4 de febrero de 2022

Entrevista a Márcia Batista Ramos por Juan Norberto Lerma

Márcia Batista Ramos

 


"Escribir es como pulir una piedra dura: Marcia Batista Ramos"

 

Márcia Batista Ramos es Licenciada en Filosofía-UFSM, Gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria

 

 Una palabra es suficiente para que la escritora Márcia Batista Ramos inicie un texto, el cual puede tomar la forma de un cuento, un ensayo, transmutarse en un poema, o de plano en un cuento poético.

 Desde luego, Márcia Batista Ramos es la que determina qué forma tendrán sus textos, pero en algún lugar de este universo también existen el destino y la magia, los cuales descienden en sus páginas y hacen que las palabras evoquen imágenes selváticas, enigmáticas o que revelen secretos.

 Originaria de Brasil, la escritora Márcia Batista Ramos vive actualmente en Bolivia y, desde esa geografía sin mar, contempla cuanto sucede en el resto del mundo, pero, sobre todo, observa lo que ocurre dentro de ella y su mundo literario.

 Márcia Batista Ramos es Licenciada en Filosofía-UFSM, Gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Además, es una mujer generosa que lo mismo colabora en espacios periodísticos, que invita a personas a participar en los espacios en los que ella publica y les da la posibilidad de difundir sus textos.

 Actualmente, Márcia Batista Ramos colabora en revistas internacionales de 22 países y es editora adjunta de la Edición Internacional de Literatura China (a cargo de la Federación de Círculos Literarios y Artísticos de Hubei, China).

 Debido al trabajo de su padre, desde niña, Márcia Batista Ramos tuvo que cambiar de domicilio en innumerables ocasiones. Las mudanzas y el peregrinaje la hicieron conocer varias poblaciones y la favorecieron con decenas de amistades. Ese constante movimiento le enseñó que “nadie es imprescindible y los afectos tienen un sabor duradero, pues cuando vuelves a encontrarte parece que no pasó el tiempo”.

 

Una niñez diversa y colorida

 “Yo crecí en el Estado do Rio Grande Do Sul, un estado muy próspero al sur de Brasil; digo en el Estado, porque mi niñez fue marcada por los cambios de destino de mi padre, entonces, viví en distintas ciudades del Estado de ‘Rio Grande Do Sul’, asistí a diferentes escuelas y conocí a diversas costumbres en cada lugar de residencia, eso me hizo bastante adaptable. Estuve en colegios de monjas (cantaba en el coro)”.

 “Viajaba bastante, en los fines de semana, para ver a la abuela en la capital, los primos y, todos los parientes. Entonces, mi niñez tenía muchos paisajes, la parada en el ‘Belvedere’ (mirador) para admirar la Sierra del Mar; sabía nombres de ríos y de muchos lugares del camino; había lugares en la orilla de la carretera donde parábamos para comprar frutas o los restaurantes de cada ruta desde el municipio donde vivía hasta la capital, que ya se tornaban familiares porque comíamos muy a menudo en algunos de ellos, (recuerdo el restaurante húngaro que servía pastel con una bola de helado como postre); después cambiábamos de ciudad y venía una nueva ruta y nuevos lugares, pero siempre era bueno; me gustaba el viaje y las paradas para comprar piñones calientes en invierno o uvas en el verano. En las vacaciones de verano siempre viajábamos al mar, el Atlántico sud tiene olas tranquilas en la playa y es frio”.

“Siempre vivíamos en casas grandes, en el barrio más céntrico de cada municipio, una o dos cuadras lejos de la plaza, pero lo que importaba era la familia, que se sentaba siempre a la mesa. Iba a los cumpleaños de los amiguitos, los invitaba a los míos, en cada lugar que viví”.

 “Jugábamos y me despedía cuando tenía que cambiarme de ciudad, y llegaban otros amigos en el nuevo destino, como una prueba de que la vida es así, un lugar pasajero, donde nadie es imprescindible y los afectos tienen un sabor duradero, pues cuando vuelves a encontrarte parece que no pasó el tiempo”.

 “El paisaje de mi niñez fue muy diverso y colorido. Mientras observaba los lugares con nombres pintorescos como la ciudad llamada ‘Feliz’ o leía la filosofía escrita en los parachoques traseros de los camiones, crecía”. 

 

Describe una escena en la que de niña hayas sido feliz.

 —Vi en el periódico de domingo la propaganda del show internacional ‘Holiday On Ice’ en la capital del estado y les dije a mis padres que quería ir al show y tres días después, ellos salieron más temprano de su trabajo y viajamos a la capital Porto Alegre, para ver el ballet sobre hielo. Fue tan grato que, hasta hoy, cuando recuerdo, dibujo una sonrisa en mi rostro.

 

El romanticismo brasileño

 

La formación literaria de Márcia Batista Ramos comenzó con los románticos brasileños: Castro Alves, Álvares de Azevedo, Gonçalves Dias, y continúa nutriéndose con los libros que más disfruta.

 

Cuáles son los escritores que tú consideras que te formaron.

 —La formación primigenia es en mi país y en mi idioma materno el portugués, empieza cuando aprendí a leer, descubrí los poetas del romanticismo brasileño, un importante movimiento artístico del siglo XIX, con representantes en la prosa y en la poesía y pese a ser tan niña, me encantaban y aprendía muchos versos de memoria: ‘Y dejo la vida como quién deja el tedio\ Del desierto, el ponente caminero\ — Como las horas de una larga pesadilla\ Que se deshace al doblar de una campana’. (Recuerdo de Morir, Álvares de Azevedo)”.

 

“Los poetas románticos brasileños, me enseñaron algo así como: que, la poesía es triste.”

 “Después, conocí a otros poetas contemporáneos, que no me hicieron cambiar de parecer, como: - Mario Quintana: ¿Más qué daros de nuevo y de imprevisto?’ \Digo... y alzo mis manos fatigadas: \’Yo sé llorar... Yo sé sufrir... ¡Sólo eso!’”.

 “Y Cecília Meireles ‘Yo canto porque el instante existe \ y mi vida está completa.\ No soy alegre ni soy triste:\soy poeta’”.

 “Posteriormente, vino una lista larga que sigue sumando nombres porque somos seres en transformación y siempre hay quienes nos tocan con su pluma mágica”.

 El misterio del trabajo creativo

 Márcia Batista Ramos escribe de noche y de día corrige sus textos, Tiene claro que la literatura es un arte que requiere que se pulan las frases como si fueran piedras duras. Para Márcia Batista Ramos, la literatura puede ser una frase certera, pero sobre todo es armonía, quizá canto o poesía.

 

Qué te lleva a escribir, qué mecanismos interiores te dirigen hacia la página en blanco.

 —Una palabra, una simple palabra, abre una puerta que me lleva a diversos pasadizos dónde existen palabras desparramadas, que las junto y que terminan en un texto.

 

¿Tus textos surgen de la “inspiración” o del trabajo?

 —Del trabajo inspirado en algo.

 

Si tuvieras que escoger entre la “inspiración” y el trabajo, ¿con qué te quedarías?

 —El trabajo de pulir la palabra como quién pule una piedra dura.

 ¿Eres escritora matutina o nocturna?

 —Escribo por las noches, reviso mis escritos por las mañanas.

 ¿Tienes alguna definición de “buena literatura”? ¿Y de mala literatura?

 —Para mí, la buena literatura se relaciona con la excelencia del arte literario, por eso provoca satisfacción en nuestro espíritu, por la palabra bien dicha y la idea bien plasmada, tiene un ritmo y conmueve.

 “Lo contrario, ruidoso, irritante, confuso es aquello que yo llamo mala literatura. Empero, la literatura es un arte subjetivo y como tal, da para todos los gustos. Y los gustos no se discuten, se respetan. Yo no discuto sobre la temática”.

 Menciona un libro que te haya atrapado y dime por qué te atrapó.

 “Algemas partidas del escritor inglés A.J. Cronin”.

 “Una historia de suspense y misterio en que el hijo intenta encontrar a su padre y descubre que está preso injustamente, además descubre que el verdadero criminal es un hombre generoso que vive con la sombra de su pasado”.

 “Me atrapó a mis 13 años, porque la justicia es una cuestión genética que traigo en las venas”.

 Nombra algún libro que no te haya gustado.

 —Existe un libro que su lectura fue horrible, una especie de tortura, me causó dolor de cabeza, la baja calidad de la obra era hiriente. Pero, lo escribió un escritor conocido mío, entonces, me reservaré el derecho al silencio…

 Literatura sin etiquetas

 Para Márcia Batista Ramos la literatura es libertad y pronostica que en el futuro los libros continuarán inspirando a quienes escriben. De todos los géneros literarios en los que ha incursionado, en el que se siente más a gusto es el relato, en el que crea atmósferas que atrapan la atención de los lectores.

 ¿Crees que hay literatura libresca?

 

—Creo que la hay y seguirá existiendo para siempre, porque no todos los escritores responderán, todo el tiempo a la realidad dinámica y a las nuevas tecnologías, por eso sostengo que seguirán utilizando la lectura de libros como fuente de inspiración, como parte de los usos y costumbres de la ya establecida literatura.

 “Además, pienso que la tradición libresca, con el tiempo y el avance de las tecnologías, tiende a tornarse un requinte, en un mundo de tecnologías al alcance de todos, porque el ser humano siempre quiere destacar por la diferencia”.

 ¿Hay literatura vivencial, visceral?

 —Hay de todo en la viña del Señor. Depende de cada escritor plantear abordajes subjetivos y libres de un contenido reflexivo, vivencial o contemplativo de la realidad; o proponer una lectura que deje incómodos y desasosegados a los lectores por el contenido visceral y políticamente incorrecto (transgresor).

 “La verdad es que la literatura es la manifestación de la libertad del ser humano, lo único que logra ser más libre que la literatura es el pensamiento humano. Pero el arte de la expresión a través de la palabra​, tanto en textos escritos (literatura escrita) como hablados o cantados (literatura oral), siempre va a reproducir la vivencia del hombre sobre la tierra y muchas veces, lo hará de forma punzante, furiosa, descarnando todo y respondiendo a la literatura visceral”.

 “Además, para personas en circunstancias de violencia la experiencia de producir literatura vivencial sirve de catarsis y cuanto más uno se acerca al dolor, se aleja de las contemplaciones y más visceral será la literatura vivencial”.

 ¿Con qué tipo de textos te sientes más cómoda, con las microficciones, los relatos, la poesía, o los ensayos?

 —Me siento más cómoda con los relatos, por esas cosas de la inspiración momentánea y de la narrativa en primera persona que acostumbro a escribir, que me permite personificar al personaje que cuenta la historia, es una experiencia gratificante.

 ¿Crees que es correcto utilizar la literatura para servir a alguna ideología?

 —Todo ser humano tiene una formación ideológica intrínseca, si reniega en contra de esa ideología va a adoptar otra que le convenza. Y el escritor siempre está enmarcado en su formación ideológica, y lógicamente que va a expresarse literariamente conforme su formación ideológica.  Eso es correcto, porque lo neutro no existe, lo neutral es tan falso que apesta.

 Arte sin compromisos

 En los textos de Márcia Batista Ramos aparecen una diversidad de temas, casi tantos como los que contiene el abanico de la vida. Cuando lo que surge desde dentro de ella no se amolda en un relato, se convierte en un poema.

 En los cuentos cortos de Márcia Batista Ramos surge la sorpresa o la reflexión, la frase poética que despierta en el lector imágenes de fantasía que construyen un universo poblado de seres fantásticos en el que abundan los recuerdos de la niñez.

 ¿El escritor debe comprometerse con la sociedad o sólo con sus textos?

 —A estas alturas del desarrollo de la humanidad, yo pienso que el respeto por el otro y su manera de expresar su arte es lo fundamental. Cada uno debe hacer lo que mejor le parezca, comprometido consigo mismo y con su conciencia.

 “Hoy por hoy, el intento de encasillar a las personas, sus expresiones artísticas y lo que fuere, es vano, y retrógrado desde mi punto de vista. Aplaudo a los escritores comprometidos con los problemas de su tiempo, pero también aplaudo a los escritores que abogan por una literatura pura: que buscan el arte por el arte”.

 ¿Qué es lo que quisieras transmitirles con tus textos a tus lectores?

 —La verdad, en mis textos yo trato de plasmar la universalidad de algunos aspectos de la vida humana, a partir de una voz individual.

 ¿Te han intentado obstaculizar en los “círculos literarios”?

 —Sí, claro que sí. Yo vivo en Bolivia y el medio literario es reducido, y en él pululan las mentes estrechas que se mueven con mentiras y otras mediocridades. Pienso que en todos los lugares existen las personas que te extienden la mano y las que te tiran piedras. Hace parte de la índole humana, pero no es agradable encontrarse con las segundas.

 ¿Qué crees que le hace falta a la literatura que hacen las mujeres? ¿Qué es lo que hacen bien las mujeres en la literatura?

 —Hace falta que los hombres dejen de ser machistas y erradiquen la mentalidad de que las mujeres tienen menos capacidad o menos posibilidades que los hombres.

 “Mientras la humanidad como un conjunto no evolucione y entienda que hombres y mujeres tienen las mismas capacidades y posibilidades existirán ese tipo de preguntas y la diferenciación de la literatura escrita por mujeres. Las mujeres hacen muy bien todo lo que se proponen a hacer”.

 (c) Juan Norberto Lerma

 

  Juan Norberto Lerma.

 Poeta y escritor. Nacido en México, Distrito Federal. Es periodista. Colaboró en diversos medios de comunicación y en varias revistas culturales. En el año 2000 ganó el premio de cuento José Emilio Pacheco, al que convocó la Universidad Nacional Autónoma de México.