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martes, 9 de agosto de 2011

Entrevista a Cristina Loza por Araceli Otamendi

Cristina Loza - (c) Marco Cabral


(Buenos Aires) Araceli Otamendi



Cristina Loza nació y reside en Córdoba. Es egresada de la Universidad Nacional de Córdoba y actualmente coordina talleres de escritura dirigidos a quienes necesitan sobreponerse a traumas y dolores emocionales. Su primera novela Malasangre (2002; Emecé, 2008) recibió críticas auspiciosas. Luego publicó El revés de las lágrimas (Emecé, 2007) y La hora del lobo (Emecé, 2008) que obtuvieron gran éxito de crítica y público. Su  última novela  es El oso de Karantania publicado por Emecé. Cristina Loza tiene tres hijos y tres nietas. La entrevisté para Archivos del Sur en un hotel en Buenos Aires, cuando vino a esta ciudad para presentar su último libro.



 

Pregunta: -¿Cómo fueron tus inicios en la escritura?



Respuesta: - A mi me gustó escribir siempre. Soy fisiatra, por lo tanto vengo de la medicina. En un
momento dado de mi vida, cuando entré en una depresión muy profunda, una de las cosas que me decían era que fuera a un taller literario. Entonces fuí, lo hice obligándome a ir y ahí empecé a escribir.



Pregunta: - ¿Qué era lo que escribías al principio?



Respuesta:- La consigna era tomar la voz de un niño. De ahí salió un personaje de una de mis novelas. Yo les leía a mis compañeros del taller, como si fuera un folletín y ahí me di cuenta que tenía una novela.



Pregunta: - ¿Eso te ayudó a superar la depresión?



Respuesta:- Sí, me dije no me voy a deprimir. Escribir me levantó absolutamente. La escritura siempre fue para mi un refugio. Pienso que tanto para el lector como para el autor la literatura puede ser un refugio.



Pregunta: - ¿Hace muchos años que escribís?



Respuesta:- Escribo profesionalmente desde el año 2000. Tengo cuatro novelas publicadas. Yo enviudé muy joven, tengo tres hijos y tenía que elegir entre la pluma y el tenedor, y elegí el tenedor, por los niños.
Cuando pude dedicarme a escribir sentí que le había quitado el freno de mano a mi destino, sentí que todo lo que yo había hecho hasta ese momento era para después destilarlo en mis novelas.



Pregunta: - En cuanto a esta última novela El oso de Karantania ¿tiene que ver con tus antepasados?



Respuesta:- Sí, tiene que ver con mis genes eslavos. En realidad durante toda mi vida prevaleció la parte paterna, porque mi madre vino a vivir a la Argentina a los seis años. Mis abuelos hablaban esloveno como un idioma misterioso entre ellos.



Pregunta: -¿Y a vos no te hablaban en esloveno?



Respuesta:- No, y a mi madre tampoco. A mi madre la preservaron, no le hablaban a ella en esloveno para que se integrara más rápido al mundo del castellano. Porque a los seis años, a esa edad temprana los chicos suelen ser muy crueles. Esa fue una manera de mis abuelos de amar mucho a mi madre, de entender que si se integraba rápido la iban a dañar menos.



Pregunta:- En cuanto a El oso de Karantania, la novela tiene momentos muy dramáticos, bastante terribles, primero el tema de la guerra, y después la guerra de Yugoeslavia, los fusilamientos, cosas bastante espantosas, ¿por qué indagaste en estos temas tan terribles?



Respuesta:- Así he quedado. Escribír esta novela ha revuelto mi esencia. La búsqueda que uno tiene es el sentido de la vida y el sentido de la vida aparte de  definirlo como darle la mano al otro, en un mundo tan globalizado como el que vivimos y tan desconectado también, donde todo está ahí cerca y sin embargo estamos lejos del vecino, escribí este libro para también poder ver que el otro es un otro pero es igual que yo y que no está ocurriendo todo tan lejos. Que lo que le pasa al otro me pasa a mí también.



Pregunta: - ¿Querías mostrar en el libro la exclusión que se da en algunos lugares? En tu novela hablás de los gitanos.



Respuesta:- Me da la impresión de que estamos viviendo épocas de exclusión. Ya no son sólo los gitanos los
que son excluidos, sino que se está hablando del diferente, Europa está cerrando las puertas...



Pregunta:- ¿Por qué aparece la venganza en tu libro?



Respuesta:- Es cierto, que yo no esté de acuerdo con la venganza no quita que un personaje pueda vengarse en la novela. La paz para ese personaje es obtenerla mediante la venganza.
Como estos personajes son eslavos, al lector con mirada latina le va a a ayudar a reflexionar. Se va a repensar como persona. Este no es un libro para leer y creer que se sale indemne. Es un libro que moviliza, porque lo pongo al lector de cómplice, ni siquiera es un testigo.



Pregunta: - ¿Viajaste para escribir El oso de Karantania?



Respuesta: - Sí, viajé a Eslovenia en el 2009, conocí la casa de mi madre y encontré a unos primos ahí. Y ellos no entendían que alguien viajara desde Córdoba, Argentina, tantos kilómetros para encontrar sus raíces.



Pregunta: -¿Fue fácil encontrarlos?



Respuesta: - Dos años antes yo ya había empezado a tender las redes sociales y ya tenía algunos nexos. Pero además se dio la magia de encontrar a un amigo de uno de mis hijos que vive en Eslovenia. El era un chico de quince años cuando perdió a la mamá y se refugió en mi casa, yo fuí como su madre. Y cuando le pedí que me buscara un lugar donde alojarme durante el viaje, me dijo que fuera a su casa, como él había vivido en la mía cuando lo necesitó. Esa es la magia, darle la mano al otro.

Lo que uno da vuelve, cuando lo damos con el corazón generoso.

Yo tuve que viajar, meterme en esos bosques, meterme en esa tierra, porque a un país no se lo huele por internet. Como me decía mi madre, tenía que oler, ver las caras.

Y así me completé yo.



Pregunta: ¿Te completaste conociendo tus otras raíces, las de la familia materna?



Respuesta:- Sí, la manera de mover las manos, los gestos, eran ellos. Y ellos también me reconocieron, me decían: la sangre no es como el agua.

Además allá me enteré que somos de un clan y ese clan tiene un nombre que significa los valientes, los emprendedores, y entonces me dije que toda mi vida fue así siempre.



Pregunta: -¿Cuál es el mito de tu familia materna? ¿A qué se dedicaban? Los clanes tienen algún mito ¿sería el mito el emprendimiento?


Respuesta: - No, sería la resistencia. Reinventarse, como es Europa. Nosotros somos jovencitos en eso. Ahora, cuando miro hacia atrás mi vida como si fuera un damero, veo cada movimiento en mi vida. Todo tiene un motivo, nada es azaroso. Hoy no lo sé, pero después encuentro el motivo.

También fui vendedora de seguros, porque mis hijos tenían que comer, tenían que ir a la escuela y yo tengo el diploma de fisiatra pero cuando no venían pacientes uno el  diploma no lo podía hacer comida, entonces me hice vendedora.

Hay que confiar en nuestras propias fuerzas, hay gente que se traba. Hay personas que dicen "yo no tengo empleo, no consigo" y entonces piensa que sólo sirve para una cosa.



Pregunta: - ¿Qué hacía tu familia materna para vivir, por ejemplo?



Respuesta: - Mi abuela lavaba ropa para otras personas, hacía comida para los otros paisanos, viandas y empezaron a ahorrar metiendo dinero en una lata. Ellos llegaron en el año `33, la peor crisis nuestra.



Pregunta: - ¿Dónde se radicaron tus abuelos?



Respuesta:-  Ellos buscaron, como el oso, los pinos, las montañas, se radicaron en Córdoba. Ellos buscaron un hábitat parecido, las sierras de Córdoba, pero si no te morís de la nostalgia. La novela dice: es bueno tener un lugar adonde volver, aunque no se vuelva nunca. Mi madre siempre lo soñó y yo se lo traje para ella, el sonido de las campanas...



Pregunta: -¿Tu madre está viva?



Respuesta:- Sí, la mayor alegría ha sido  traerle en un frasco su tierra y semillas. Le traje tierra de la huerta de su casa y se la di en un frasco de vidrio. Y ella se la puso a sus plantas.





Los talleres



Pregunta: - En tus talleres para personas que han sufrido traumas, ¿qué es lo que le aconsejás cuando están escribiendo? ¿Qué le dirías a alguien que va a tu taller?



Respuesta: - ¿Por qué escribir? primero, porque cuando uno escribe, saca el problema y lo pone en el papel. Entonces lo ve, se genera una distancia, el problema ya no está dentro nuestro. El hombre es un animal rumiante, estamos rumiando y rumiando todo el día las dificultades. El cerebro no tiene tamaño. Es tan distorsionado el pensamiento que no tiene límites y si nosotros metemos esos pensamientos en un renglón acorralamos a los demonios. Los tenemos contra los renglones. Los problemas no desaparecen pero los tenemos a raya. Todos tenemos nuestros demonios y todos los podemos poner a raya. Además la catarsis, la terapia por el arte no es necesariamente que quien escribe tenga que hablar de sus problemas. Si leo un cuento, por ejemplo, el cuento es un disparador para escribir. Algo resuena en el interior del integrante del taller y después cada uno comenta lo que ha sentido en el cuento. Entonces cuando uno va a escribir, tiene diez o doce opiniones distintas a la mía.



Pregunta: - ¿Podrías darme algún ejemplo de tu taller?



Respuesta: - Yo tengo un tallerista que es cuadripléjico. Cuando me pidió venir pensé ¿cómo me las arreglo? Entonces él vino con un acompañante, él mueve su boca, sus ojos, se ríe, habla, pero está totalmente paralizado. Y un día estaba mi nieta que tiene trece años y me decía que tenía aprehensión para ir a besarlo porque todos lo saludábamos con un beso. El dice: me gusta sentir los perfumes, y entonces si tengo algo de seda, por ejemplo se lo acerco a la cara, para que lo sienta.



Pregunta: ¿Cómo es la historia de este hombre?



Respuesta: - Tiene 52 años, hace diez que está así. El era un empresario exitoso, se lo estaba comiendo la vida y un día se durmió en el volante. Te sigo contando: le dije a mi nieta entonces "es un hombre quieto" pero es un hombre. Entonces mi nieta dijo: ah, claro y fue y lo besó. A raíz de ahí, él dice: ¡qué linda definición de mi! , sigo siendo un hombre, estoy quieto". Además la quietud, de este tallerista ha movilizado a los otros, la gente se queja mucho. Una persona a la cual se le corre una lágrima y que no puede levantar el brazo para secarse su propia lágrima con su mano y eso tiene que hacerlo otro, lleva a la reflexión para decirnos que nos quejamos muchas veces de gusto. La queja es un deporte argentino. Yo recuerdo que una vez le pregunté: ¿qué le gustaría hacer si vuelve a moverse?

Y él dijo: primero abrazar a mis hijos y después ir al baño solo.



Pregunta: - ¿Dar estos talleres son una especie de terapia para vos?



Respuesta: - En realidad, me cura dar. Esto tiene que ver con el otro, que es una persona. Cuando yo le veo los ojos, cuando lo percibo, a veces un abrazo, el toque de una mano, a veces una sonrisa. Cuando están escribiendo yo veo cómo les va cambiando la cara entonces me levanto y a veces es un toque, decir estoy acá. Vos estás cruzando el río pero yo estoy en la orilla. Yo puedo decir ahí hay piedras, ahí está más hondo porque yo ya lo crucé. Eso es.



Pregunta: - ¿Esto que hacés en los talleres tiene que ver con tu primera profesión, la fisioterapia?



Respuesta: - Todo tiene una analogía en el alma, el que está paralizado, los rígidos, la persona que no se puede doblar. Eso tiene que ver con la inflexibilidad de los conceptos.

A medida que van escribiendo los huesos se van ablandando, van cambiando la manera de pensar. hay que encontrar los matices de los otros. La rigidez en el pensamiento se somatiza. Somos espejos, nuestros cuerpos son espejos de nuestra alma.

sitio web de la autora:

http://www.cristinaloza.com.ar/

(c) Araceli Otamendi - Archivos del Sur - Todos los derechos reservados


Acerca del  libro

 El oso de Karantania

1914. Arde Europa. El archiduque Francisco Fernando ha sido asesinado en Sarajevo y brotan en el mapa las manifestaciones de una guerra que se convertirá en la mayor conflagración de todos los tiempos y se llevará millones de jóvenes vidas.




¿Qué relación hay entre el archiduque muerto y los hijos de Ana, humildes campesinos de Eslovenia? Ladislav, Janez, Josef, Franz y Ferdo: uno a uno la madre los verá partir, con el ardor juvenil en los rostros, hacia lo desconocido. ¿Cómo encontrar belleza en el horror? ¿Acaso alguien podrá rescatar de ese infierno el derrotero de sus vidas y reconstruir el vaivén de sus destinos?

El frío. El hambre. El miedo. Los recuerdos de un amor trunco que alumbran el camino de una mujer. Un hombre engañado que sin embargo no puede olvidar a la que amó. Los sueños que quedan atrás, como la estela del barco que navega de Eslovenia a Argentina, esa tierra nueva que brinda la ilusión de recrear aquella Karantania. Y todo a partir de un puñado de fotos viejas y de cartas ajadas que una anciana dama entrega al que será testigo y protagonista de tanto amor y tanto drama.

El oso de Karantania es una novela apasionada y apasionante, que despliega la maravilla de encontrar en vidas ajenas claves desconocidas de la propia.

http://www.elosodekarantania.com/















































 
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