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sábado, 25 de septiembre de 2010

Entrevista a Augusto Monterroso por Pablo Gámez *

“Un buen cuento será siempre un cuento triste”
Por Pablo Gámez.
Artgos Int.

Distrito Federal.- Pausado, directo, preciso. Así es el escritor guatemalteco Augusto Monterroso (1921) Hace pocos minutos que recibió la noticia. En su casa en México, cómodo, relajado. Eran casi las cuatro de la mañana cuando empezaron las llamadas desde Europa. Primero España, luego el resto de los países. Le comunican que ha sido galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. En Oviedo se ha tomado la decisión. El jurado dice que Monterroso merece el premio por la riqueza de su universo literario. Y es cierto. El jurado también señala la estraordinaria riqueza ética y estética en la obra de este escritor. Monterroso se ha erigido como uno de los autores más singulares de nuestra cultura. Su obra lleva ese sello cervantino y melancólico, pero también de humor. Y ahí está: sentado, tranquilo, queriendo creer lo que le dicen. A sus 79 años, Monterroso dice que un premio como el Príncipe de Asturias de las Letras lo llena de alegría. “Era algo que siempre había soñado”, dice visiblemente emocionado. También se encuentra su esposa, Bárbara Jacobs. Ella es la que primero atiende las llamadas telefónicas. Hace las citas para las entrevistas. Lo llaman desde Guatemala. El presidente Alvaro Arzú quiere felicitarlo. Así transcurren las primeras horas, tras el anuncio del premio, para este escritor guatemalteco nacido en Honduras. Desde muy joven se interesó en la política. Eran los tiempos de una Guatemala de convulsiones sociales, inestabilidad y cuartelazos. Pero eso no le importaba. Le interesaban las ideas, los cambios. La situación se complica y en 1941 sale exiliado a México. Es ahí, prácticamente, donde Monterroso escribirá toda su obra literaria. Dice, ahora, que si pudiera escoger no cambiaría nada de lo que hizo en su vida. Se encuentra satisfecho, agrega. Sigue pensando también que en la prosa lo principal es la precisión. “La prosa no debe descubrirse, porque si se ve es mala”. Risas, palabras, humor. Especialmente humor. Eso es lo que caracteriza a Monterroso. Decir las cosas más serias, pero con humor. Y decirlas con exactitud, sin que sobre una frase ni una palabra. Es un orfebre. Un artesano de la sobriedad, de su estilo desnudo, libre, limpio y directo como el dardo que se clava en la palabra. Dos palabras clave: es el ingenio y la imaginación que permitieron a Monterroso escoger las armas para destruir un género –el cuento—para devolverle toda su fuerza original. Quiso reinventarlo. Y lo logró. Y de eso no cabe duda. Humor y sensatez se entremezclan en sus relatos y ensayos. La elegancia, dueña absoluta de su prosa; prosa limpia, llana, de pocos relieves que recuerdan la muestra más contundente de antibarroquismo.


Pregunta: Su nombre, Monterroso, cada vez que se pronuncia recuerda al del maestro del cuento. Usted ha recibido gran cantidad de premios y distinciones. Ahí están, por citar unos pocos, el Xavier Villaurrutia, en 1975 o el Juan Rulfo, en 1996. Y ahora se suma un nuevo premio, el Príncipe de Asturias de las Letras ¿ cuán grande ha sido esta noticia para usted ?

Respuesta: Enorme, desde luego. Ha sido una noticia muy grata e importante. Aprecio mucho este premio como lo aprecia tanta gente en el mundo, más ahora que se ha internacionalizado. El premio tiene un gran valor en México y en el resto de América Latina. Es un premio ampliamente reconocido y estoy muy feliz de haberlo podido obtener.

Pregunta: ¿ Lo tomó por sorpresa o sospechaba que podían otorgárselo ?

Respuesta: No me tomó tanto por sorpresa. Eso sí: siempre sorprende que se lo entreguen a uno. Yo había sido candidato en años anteriores. El príncipe de Asturias no es un premio fácil de obtener. Mi candidatura ha estado por mucho tiempo propuesta pero ahora, finalmente, me lo han entregado. Eso me tiene doblemente contento.

Pregunta: ¿Viene este premio, de alguna forma, a reconocer el valor de la literatura centroamericana ?

Respuesta: Claro. Me da mucho gusto que el premio haya recaído en esta zona tan olvidada por el mundo. América Central ha sido un poco relegada por su difícil situación política y económica. Con ello no quiero decir que en la región no haya una enorme cantidad de talento literario y de otros tipos. En la literatura me consta que hay grandes novelistas, grandes cuentistas, pero la circunstancia de que haya poca proyección hacia el exterior, hace que estos talentos pasen mucho tiempo inadvertidos. Ahí es donde entra mi caso.

Pregunta: Haciendo una reflexión más profunda de lo que usted ha dicho, se puede también afirmar que este premio, de cierta forma, ha contribuído a reducir esa “marginalidad” que pesa sobre la literatura centroamericana.

Respuesta: Al menos espero que tenga ese efecto. Que los escritores centroamericanos no tengamos siempre que salir de nuestros países para obtener cierto reconocimiento. Insisto que hay, que existe un enorme talento que trabaja y que se mueve en las sombras. Y es un talento y un trabajo que no son o no han sido debidamente reconocidos.

Pregunta: Muestra de ese enorme talento se encuentra en el caso del nicaragüense Sergio Ramírez, ganador del premio Alfaguara de Novela.

Respuesta: Así es. Hay otros antecedentes importantes. Recientemente se le entregó a Monteforte un importante premio. No olvide el caso de Miguel Ángel Asturias, que obtuvo el premio Nobel de Literatura. Pero son casos muy aislados y cosas que suceden esporádicamente, sin la frecuencia ni justicia con que deberían ocurrir.

Pregunta: El jurado del premio ha destacado la transformación que usted ha provocado en el relato breve, en el cuento. Y dicen, lo cito textualmente, “dotando al género de una intensidad literaria y una apertura de argumentos inéditos”.

Respuesta: La declaración del jurado me halaga. No quiero que suene a banalidad mía, pero creo que tienen razón. Lo digo desde una posición muy humilde. En un momento decidí, y le hablo ya de hace mucho tiempo, decidí salirme de las reglas del juego literario que venían imperando en Guatemala. Busqué en la literatura universal otros temas, otra forma de tratar las cosas. Es algo que me ha ocupado toda la vida. Tal vez a eso se refiere el jurado al fallar ese dictamen que usted ha citado.

Pregunta: ¿Cuándo y por qué prefirió usted dedicarse al cuento y no a la novela ?

Respuesta: Por mi formación literaria escogí el cuento. Hay otra cosa que se pueden decir sobre esto. En América Latina se practica mucho más el cuento que en Europa, por ejemplo. ¿Las razones? Pues bien: por dificultades de edición, de publicar novelas por la falta de editoriales. El cuento se practicó porque podía refugiarse en revistas y periódicos. Eso a lo largo de todo el continente. Así que por una necesidad real, el escritor latinoamericano escoge el cuento. No porque considere que el cuento es un paso a la novela o porque sea un género menor. Al contrario, el cuento se respeta muchísimo y se le considera como una obra de arte. Por lo menos es lo que me ha pasado a mí.

Pregunta: ¿ Dedónde viene, Monterroso, esa disciplina de orfebre que usted tiene a la hora de corregir textos ?

Respuesta: Soy autodicta y empecé a estudiar desde muy joven literatura universal. Comencé por la literatura española, la de los siglos de Oro. Leía mucho a Cervantes, Quevedo, las primeras ediciones de las obras de Gracián. Durante años me encerré en la Biblioteca Nacional de Guatemala, porque tenía la idea de que si me convertiría en escritor, debía conocer mi idioma. Le dediqué muchos años a mi formación. Fueron, han sido y seguirán siendo todavía muchas las horas de lectura y reflexión. Tuve que ir a la biblioteca porque era muy pobre y no tenía dinero para comprar libros nuevos. Así es que por obligación leí sólo clásicos. Eso me llevó a estudios más antiguos: a la literatura latina y a la griega, a las cuales me aficioné enormemente. Desde los griegos y los latinos la brevedad fue muy apreciada. Especialmente en la literatura latina se recomendaba la brevedad, la concisión y sobre todo el trabajo artístico. Creo que eso explica un poco su pregunta.

Pregunta: Y supongo que de ahí surge o se desprende también esa importancia que usted le concede al estilo.

Respuesta: Efectivamente. Insisto: aquel que se aventura a escribir cuentos, asume también el reto de hacer, de crear una obra de arte perdurable. En mi caso y en el de varios cuentistas latinoamericanos, buscamos que nuestros cuentos se relean. Hubo un concepto del cuento como materia deshechable. Se leía el cuento y ahí se acababa todo. Y es que muchos cuentos latinoamericanos y europeos se basaban en un final sorpresivo. La receta estaba obsoleta. Nuestro trabajo es el de hacer obras que sean releídas. Se trabaja un cuento como se trabaja una novela. El cuento debe ser denso, intenso, desde la primera hasta la última línea. No importa el final ni importa la historia. Importa la historia por la forma en que esté contada.

Pregunta: ¿ Es usted de los que comparten la idea que escribir un cuento es más complejo que escribir una novela ?

Respuesta: No lo creo, porque la novela tiene más campo para ser compleja (risas…) Pero quizá la dificultad del cuento reside en la sencillez, en tratar un sólo tema. Se tiene que llegar al fondo de las cosas; al fondo de las personas y lograr que lo que se cuente sea verdaderamente el reflejo de un problema humano. Es algo que a veces se consigue. Pero el ideal es ése. Por eso el ideal también de la re-lectura, permitiendo una mejor comprensión o valoración del cuento, de texto.

Pregunta: ¿ Por qué sostiene usted que un buen cuento será siempre un cuento triste?

Respuesta: Ese fue un momento en que Bárbara Jacobs y yo hicimos la “Antología del cuento triste”. Primero reflexionamos sobre el género cuento y lo relacionamos con la vida. Y encontramos que la vida presenta muchas facetas tristes, que la vida, vista profundamente, es triste, y esto por razones que no valen la pena mencionar ahora. Así que, cuando un cuento es bueno, es cuando ha retratado bien la vida. Si retrata bien la vida y la vida es triste, pues el cuento será triste también. Es simplemente un punto de vista personal.

Pregunta: Es usted autor de cuentos breves y brevísimos. Y ahí tiene un cuento como El Dinosaurio que está, paradójicamente, elevado por los “estudiosos” de su obra a la categoría de novela. Otros de sus cuentos están considerados como ensayos. ¿ Cómo ve esto ?

Respuesta: (risas…) ¿ Y cómo quiere que lo vea ? Imagínese al lector que se dirige a ese “ensayo” y se encuentra con que el texto, el famoso texto, consiste en una sóla línea…

Pregunta: Usted se ha destacado también por sus profundas reflexiones sobre la realidad latinoamericana. Y sin duda, ahora, el continente está experimentando importantes cambios a todo nivel. ¿ Es usted optimista sobre la dirección que están tomando estos cambios y el rumbo que están tomando nuestras sociedades?

Respuesta: No soy muy optimista. Y no lo soy porque se están viendo las cosas superficialmente. La economía y el comercio se han erigido como los ideales de la vida. Existe una enorme confusión entre democracia y capitalismo. La democracia, en nuestros países, se reduce a unas elecciones cuando se logran. Y elecciones justas se logran muy pocas veces. La verdadera preocupación de las democracias debe centrarse en el combate contra la miseria, la desigualdad, la pobreza máxima en grandes capas de las poblaciones. América Latina es víctima de grandes cambios, es cierto, pero también es víctima de confusiones nunca antes vistas. Por eso le digo que no soy optimista. Y no lo seré hasta que no vea un verdadero compromiso de los gobernantes para resolver los problemas de la desigualdad en nuestro continente.

(c) Pablo Gámez. Todos los derechos reservados.

* entrevista publicada originalmente en la revista Archivos del Sur

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