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martes, 6 de julio de 2010

Entrevista a Sarah Bianchi por Raúl Vigini publicada en La Palabra


Esta entrevista a Sarah Bianchi publicada inicialmente en el Suplemento La Palabra del diario La Opinión (Rafaela, Provincia de Santa Fe) en 2007 nos fue enviada por Raúl Vigini, director del Suplemento, quien además nos anticipó para su publicación en Archivos del Sur la editorial del próximo suplemento La Palabra:









Aquellas manos
Que pudieron tallar la forma de cada muñeco. Que escribieron las historias que tal vez  venían con cada uno de ellos desde el origen mismo. Que lograron levantar un lugar mágico donde cobraban vida en la escena de cada día. Que permitieron a miles de asombrados niños que sigan creyendo ingenuamente en la vida de cada marioneta. Que maravillaron a tantos mayores con las obras para adultos en aquel patio de San Telmo. Que daban muestras de amor y de dolor frente a la historia de cada personaje que la Gran Sarah había dejado entrar a su mundo. Estos días Sarah Bianchi abrió su corazón para siempre y desde otro espacio vigila, persigue, asiste, acompaña, inspira y disfruta su obra. Pero sobre todo es la responsable de que sus manos -aquellas manos, estas manos que nunca se van a escapar del Museo del Títere- supieron acariciar cada rostro, cada movimiento, cada melena, cada calzado y cada corazón del títere que tuvo en sus brazos.
Raúl Alberto Vigini
Suplemento Cultural “La Palabra”
Sábado 10 de julio de 2010
raulvigini@yahoo.com.ar


Museo del Títere, testimonio



Un lugar generador de historias mágicas

Llegaron de todos los puntos de la geografía mundial, primero se ocultaron en grandes baúles y un día, cuando sus dueñas lo decidieron, salieron y se fueron ubicando en los diferentes estantes y vitrinas de la casa. Esa casona de calle Piedras que fue soñada para que ellos ocupasen ese espacio y de ahí en adelante disfrutaran con la presencia de niños y adultos que los observan y hablan de ellos. LA PALABRA conversó con Sarah Bianchi, la fundadora y directora del Museo del Títere, una de las titiriteras de mayor trayectoria y prestigio en el país.

LP - Hablemos de la historia de la casa donde funciona el Museo del Títere.

S.B. - Es lindo recordar la historia de los lugares y tratar de reconstruirla en cierta forma. Esta casa tiene mucha historia, era de los abuelos de Mané Bernardo, o sea de 1870 y pico, después fue del padre y Mané Bernardo la heredó. Nosotros con ella vivíamos en la parte alta de la casa, otra parte la tenía su hermano alquilando para distintas cosas, eran todos negocios separados. Mané siempre quiso que acá funcionara el Museo del Títere con todo lo que habíamos juntado a través del tiempo. Y así fue. Desgraciadamente ella se fue antes de inaugurar el Museo, ya estábamos en todos los planes, pero no llegó a verlo funcionando. Yo me propuse seguir con el proyecto y llevarlo a cabo, contra viento y marea, como se pudiera; costó un esfuerzo enorme. Es una Fundación particular sin fines de lucro y año tras año fui agregando habitaciones, porque no se podía arreglar todo de golpe. Es decir, se empezó con la entrada, la sala principal que alberga las colecciones de títeres de Europa y de Asia. Luego agregué otra sala argentina y la tercera, latinoamericana. Todavía queda una habitación que la tenemos como depósito de la sala de Teatro, esta última es una pequeña sala a la que quiero muchísimo porque está abierta para todos los titiriteros, no es de uso exclusivo mío o de mi espectáculo. Aquí desfilan durante todo el año titiriteros de la capital, del interior y del exterior, es decir el que avisa que va a venir o que tiene proyectos, la sala está abierta para ellos y para todas las experiencias que se quieran hacer. Es reconocida por la gente joven y la quieren mucho. Cuando hicimos la despedida del año, me encantó ver la cantidad de titiriteros jóvenes que siguen con la misma antorcha para adelante. Eso creo que es lo importante y le da un valor el museo y el espacio para que estén reunidos con un motivo concreto, que vean, conozcan, sepan que acá pueden venir. Además damos cursos de títeres, de narración oral, este año pasado se agregó el teatro de sombras, así que va creciendo, incluso a veces también para chicos, pero en general está destinado a los titiriteros. Los espectáculos por supuesto que sí son para los chicos, los sábados y domingos temprano, el sábado a la noche es para adultos y en la semana para escuelas. Es decir que el Museo tiene un funcionamiento continuo.

LP  - ¿Cómo se inicia esta colección?

S.B.- Nosotros con Mané tuvimos siempre un gran amor al títere, si no, no seríamos realmente titiriteras. Entonces el titiritero es un ser muy itinerante, de ir de un lado a otro, de conocer a titiriteros de otros lugares y en esa época, te estoy hablando después de la guerra, en el cincuenta aproximadamente empezamos a relacionarnos con los titiriteros de Europa. Fuimos allá e hicimos actuaciones, intercambiamos muñecos y a esos muñecos los íbamos juntando, generalmente intercambiado, a veces comprados, regalados y con el tiempo nos dimos cuenta de que teníamos baúles y baúles llenos de muñecos de distintos lados. Entonces dijimos que eso podía empezar a ser una colección de esas de algo que quiere, pero necesita tener una actividad distinta y un uso diferente, y ahí fue cuando pensamos en crear un museo. Pedimos también a los titiriteros argentinos que nos regalaran algunos de sus títeres, tenemos bastantes históricos, pero de los actuales es muy difícil, porque dicen “no, es un museo, cómo van a poner un títere mío, de ahora” y no se dan cuenta de que si hubiéramos pensado de esa forma los títeres que hace cincuenta o sesenta años hicimos con Mané no tendrían hoy el valor histórico que tienen. Por eso yo les digo que los traigan porque con el tiempo van a entrar en la historia del títere. Más o menos los convenzo de alguna manera y voy juntando, pero lo que me falta es el espacio.

LP - ¿Cuándo ustedes conocen en el mundo a los títeres qué es lo que hay de diferente en los otros lugares en cuanto a los temas, la construcción, a la recepción?

S.B. - Hay una profunda diferencia en cuanto al tiempo de historia que tienen. Calculemos, que el auge del títere en la Argentina empezó después de la venida de Federico García Lorca, de ahí salieron Mané Bernardo, Javier Villafañe, Ariel Bufano, entre otros. En la década del ‘30, calcule eso comparado con los siglos que tiene la historia en cualquiera de los países de Europa, Italia, Francia, ni le digo Checoslovaquia y todo el Oriente. Entonces ese peso hay que irlo creando, la prueba es que nosotros no tenemos un títere tradicional, no sé, decimos “Juancito y María”, dos personajes de Javier con el tiempo puede que lo sean, no tenemos un Guiñol con todo lo que arrastra no sólo el personaje sino de la época, del por qué nacieron, cómo nacieron, ésa es la diferencia principal. Como consecuencia el público de esos países respetó siempre al títere y acá se lo consideró un arte menor, sólo una cosa que podía interesar a los chicos. Recién ahora estamos logrando imponerlo al público de teatro adulto, nos costó que consideraran que el títere es una forma de teatro, no entraba en los cálculos. Nos costó también que se reconociera al autor titiritero, al actor titiritero, al director, al escenógrafo. Lo que nos faltan son años, hay que tener paciencia y no decaer.
Desde el punto de vista de la situación actual, creativamente, estamos muy bien ubicados, pero muy bien, lo digo porque visito periódicamente otros países y veo lo que hacen los titiriteros de acá con muchos menos medios, con una escasez económica muy grande, pero se hacen cosas muy importantes. Estuvieron hace poco con un espectáculo de dos titiriteros una pareja de Salta e hicieron un Martín Fierro, la historia fue estupenda, increíble.

LP - Dentro de los títeres que forman el patrimonio histórico del Museo, ¿Cuál es el más importante a su criterio y por qué?

S.B. - Eso es muy parejo, hay cosas de distinto origen muy importantes. Todos los títeres son originales pero hay unos que son los pupis sicilianos que además están ligados a la historia del teatro del títere de acá, porque esos títeres llegaron de Sicilia a fines de 1890 y se instalaron en La Boca. En 1925 se inauguró la sala que fue la primera estable de títeres, ésos para mí tienen un valor histórico ligado a Argentina. Luego históricos tenemos un Guiñol muy auténtico,  también de la India de 1800, muy valiosas piezas, pero para mí ésos tienen el valor especial por la historia del teatro argentino.
Cada país tiene su forma de expresión, el africano está muy ligado a toda la historia de los ritos, de la iniciación de los adolescentes, el sexo, la pubertad eso está ligado incluso a la estructura del títere. Los hindúes también tienen otras historias muy especiales de sus lugares, los del teatro de sombras, todo tiene un valor histórico grande.

LP - ¿Cómo se constituye desde lo institucional el Museo del Títere, es decir si hay por ejemplo quienes auspician?

S.B. - Lamentablemente auspicios no hay, el Museo es muy reconocido dentro del patrimonio de la ciudad de Buenos Aires. Es una Fundación donde ninguno tiene un peso pero mantenemos esto. Por suerte yo he tenido últimamente, algún premio estable mientras viva y entonces a ese premio lo destino totalmente al museo, con eso podemos ir juntando e ir haciendo los arreglos en los que estamos ahora, también lo mantenemos con el pequeño aporte de bonos de contribución de las escuelas que vienen a ver espectáculos, los cursos que se dictan. Con respecto a la gente que forma la fundación hay un poco de todo por supuesto todos amantes del títere. Hay una comisión, un sobrino mío que es arquitecto, que es quien me vigila las ideas locas que tengo para hacer cosas. Una de las personas de la fundación está como secretaria y es el alma máter en todo lo organizativo. En el Museo no se cobra entrada porque ésa fue siempre una cosa que pensamos con Mané, el Museo tiene que estar abierto no por el bolsillo, sino para todos. Porque además es un arte eminentemente popular dedicado a los pueblos, entonces no se puede poner una barrera de cobro de entrada. Y sigue siendo gratis pese a la opinión de muchos. Me acuerdo una vez que entraron dos turistas, que vienen bastante y miraron. Me dijeron “cómo usted no cobra algo para visitarlo, está muy mal hecho”. En ese momento asomó la cabeza por la puerta de un chiquito y me dice “hola doña, ¿se puede entrar?” y le dije que sí. Hizo un gesto con la mano y vinieron seis o siete chiquitos y les dice “es gratis, vení”. Entonces les dije a los turistas “ven por qué es gratis, ellos aunque yo le dijera que son veinte centavos no los tienen”. Ese es el sentido, que todos vengan y vean, se interesen, vuelvan. Esa es la finalidad. Todos los años cerramos y empezamos los arreglos porque la casa necesita mantenimiento y ahora vamos a hacer algunas vitrinas distintas con vidrios. Reabriremos con toda la programación en marzo hasta diciembre. En la parte alta tenemos la biblioteca. Hay más de seiscientos libros de títeres y luego hay una biblioteca general de Mané y mía que tiene mucho de arte, de escenografía, de plástica, de historia, de literatura. Serán cinco mil o seis mil volúmenes. También pudimos cerrar el patio para evitar la filtración de humedad y poder utilizarlo para talleres. Proyectos hay muchos.

LP - ¿Cuál es la actividad para el 2007?

S.B. - Por lo pronto que vean el Museo remozado, además estamos haciendo el relevamiento con la intención de hacer un catálogo general con la historia de las piezas, eso va a ser muy importante. También tenemos separada toda una colección que es lo que nosotros denominamos el Museo Itinerante, es una derivación del Museo que sin tocar nada de lo que está acá expuesto puede trasladarse y montarse en otros lugares. Me encantaría llevarlo a Rafaela. Los cursos siguen, orientados a titiriteros, a docentes, a gente que tiene una intención de integrarse como titiriteros o estar en la experimentación de nuevas técnicas.
Suplemento Cultural “La Palabra”-7 de febrero de 2007-Rafaela (Sta. Fe)
raulvigini@yahoo.com.ar

 crédito de la fotografía de Sarah Bianchi  y de los títeres: Araceli Otamendi

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