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jueves, 19 de agosto de 2010

Entrevista a Enrique Vila Matas por Araceli Otamendi


(Buenos Aires) Araceli Otamendi




Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948), es uno de los más destacados escritores de la actualidad. Está traducido a veintisiete idiomas. Ha publicado en la editorial Anagrama el libro de ensayos literarios El viajero más lento y los siguientes títulos de narrativa: Impostura, Historia abreviada de la literatura portátil, Una casa para siempre, Suicidios ejemplares, Hijos sin hijos, Recuerdos inventados, Lejos de Veracruz, Extraña forma de vida, El viaje vertical (Premio Rómulo Gallegos 2001), Bartleby y compañía (Premio Ciudad de Barcelona, Prix du Meilleur Livre Étranger, Prix Fernando Aguirre-Libralire), El mal de Montano (Premio Herralde, Premio Nacional de la Crítica, Prix Médicis étranger 2003, Premio Internazionale Ennio Flaiano, París no se acaba nunca, Doctor Pasavento (Premio Fundación Lara 2006, Premio de la Real Academia Española 2006) y Exploradores del abismo. A raíz de la publicación de este último libro  lo entrevisté para Archivos del Sur.



Araceli Otamendi: - ¿Cuál es el motivo de su regreso a la escritura de cuentos o nunca dejó de escribir cuentos mientras escribía novelas?
Enrique Vila-Matas:- Pueden ser necesarios años de preparación antes de que el artista dé con los códigos, las claves y los equilibrios correctos y pueda entrar y salir más o menos libremente de la visita a los distintos temas de su obra. A lo largo de la elaboración de la Trilogía de la Catedral Metaliteraria (Bartleby, Montano, Pasavento), cada vez me fui sintiendo más cómodo con lo que escribía, cada vez más en mi casa. Llegué a tener la sensación de que me había instalado en “una casa para siempre”. Y ahí sonó mi alarma. Había dado con una forma demasiado idónea para mí y decidí no cometer el error –que otros cometen- de instalarme en la comodidad de mi propio invento y método. Fue entonces cuando me propuse partir  –como un explorador más- a la búsqueda de nuevas procedimientos. Y así inicié la aventura de regresar al cuento y ver qué pasaba...
A.O.- En su relato "Café Kubista",  un tema que aparece es el cubismo, tanto en la pintura como en la literatura, como modo de huir del punto de vista fijo y adoptar otros puntos de vista en forma simultánea. ¿Por qué elige ese movimiento artístico para designar estos relatos?
E.V.M.: - Porque me gustó en Praga leer la palabra “cubista” con K en el letrero de ese café con una bonita terraza que encontré inesperadamente en una plaza de la ciudad y donde descubrí que transcurría la acción de mi capítulo de Praga en un antiguo libro mío, Historia abreviada de la literatura portátil, donde yo había escrito sobre esa ciudad –y curiosamente sobre el sótano de ese café- sin haberla pisado nunca. Leí todo esto como un signo de que estaba recuperando señas de identidad de mi pasado, concretamente mis señas de antiguo cuentista... Fue sólo por eso, porque me gustó esa K del letrero del café, me pareció que era, además, la K de Kafka. “Café Kubista” me sonó muy bien y, además, distinto en cuanto geometría del propio espacio de la palabra “cubista”. Tenemos que acostumbrarnos a que a veces detrás de decisiones trascendentes hay hechos nimios, ideas sencillas.
A.O.:- También en "Café Kubista" usted nombra a Veermer, cuando habla de los relatos que integran el libro, dice: "Se parecen a esos cuadros de Veermer en que los interiores pertenecen a Delft pero las ventanas se abren hacia la nada, es decir hacia la luz". En algunos cuadros de Veermer donde aparecen ventanas y a través de ellas la luz exterior, está representada la añoranza por superar la soledad autoimpuesta, el deseo de tener contacto con el mundo exterior. ¿Es usted un escritor que se repliega y aisla mucho cuando escribe?
E.V.M.:- Sí, enormemente. Y queda muy explicado en el La gloria solitaria, el ensayo que cierra el libro. Allí habla de las soledades perdurables de determinados  artistas que se atrincheraron frente al mundo y la sociedad del espectáculo. Allí digo que no es fácil tratar con el público que te abraza y te odia al mismo tiempo. Basta ver la asfixia a la que llegó Bob Dylan y que tan nítidamente se explica en No  direction home, la película de Martin Scorsese. “Yo sí que me voy a ir”, dijo Dylan cuando el público le chantajeaba y le amenazaba con irse si insiste en no repetir sus fórmulas de éxito. En ese ensayo La gloria solitaria explico o digo que siempre un verdadero artista es un solitario de sí mismo. Que después llegue al público es un asunto de un orden distinto. El aislamiento es absolutamente  necesario para crear. “El aislamiento es un componente indispensable de la felicidad humana”, solía comentar Glenn Gould. 
A.O.:-  Volviendo al tema del cubismo, ¿hay alguna influencia de Picasso y Juan Gris en su obra, por citar sólo a dos pintores de este movimiento?
E.V.M.:- Los dos son españoles –uno se educó y el otro nació en Cataluña, mi tierra- y cuando era joven y yo vivía en París me gustaba descubrirlos en los museos de arte moderno de esa ciudad  entre los otros grandes pintores de la época. Forman parte de mi educación cultural y sentimental, que creo que explico ampliamente en mi libro París no se acaba nunca. 
A.O.:-  También en "Café Kubista" hay una mención al poeta Álvaro de Campos, heterónimo de Fernando Pessoa. ¿Es usted lector habitual de Fernando Pessoa? ¿Ha influido en su obra?
E.V.M.:- Del siglo pasado, Kafka, Pessoa y Borges son mis tres escritores predilectos. Sobre Pessoa he escrito en multitud de ocasiones. Y sí, Álvaro de Campos puede haber perfectamente influido en mi obra porque yo todavía me emociono y prácticamente lloro cuando leo en público Al volante del Chevrolet prestado.
A.O.:-  En el cuento "La modestia", el narrador es un personaje vanidoso y se encuentra con una mujer en un ómnibus a la que reconoce como modesta, porque es bella y ella se define como "ni guapa ni fea". A partir de ese encuentro, el personaje se va haciendo consciente de su vanidad y de su deseo de ser modesto. ¿Usted piensa que hay una defenestración social hacia virtudes como la modestia? ¿por qué eligió este tema?
E.V.M:- Quería señalar que había escrito todo mi libro desde la modestia y la inteligencia de esa modestia, no confundir, claro, con la humildad.
A.O.:-  En otro cuento, "La gota gorda", el narrador habla en forma irónica de ciertas formas de abordar la literatura y de la exigencia por parte de algunos colegas de escribir sobre seres normales, grises, de vidas comunes. Menciona también a Francisco Ayala que dice: "Yo digo que la literatura es lo esencial, lo básico. Todo lo que no sea literatura no existe. Porque ¿dónde está la realidad?"


En el caso de Borges que no se ocupaba precisamente de retratar seres grises en sus cuentos, su estética fue defendida por el cineasta brasileño Glauber Rocha quien dijo:



"...Hoy me niego a hablar de cualquier estética. La plena vivencia no puede sujetarse a conceptos filosóficos. El arte revolucionario debe ser una magia capaz de embrujar al hombre a tal punto que él no soporte más vivir en esta realidad absurda. Borges, superando esta realidad, escribió las más liberadoras irrealidades de nuestro tiempo. Su Estética es la del Sueño..."


¿Por qué un escritor tendría que escribir solamente sobre seres grises, sin referencias metaliterarias? ¿Es eso lo que ocurre en España actualmente?
E.V.M.:- En el país del metaliterario Cervantes, un sector de la crítica y algunos escritores de pacotilla tiene no sé qué problema con las reflexiones literarias y todavía pregonan un realismo castizo y una narrativa no intelectual, quizás porque ellos no pueden dar la talla en ese terreno. Coincido completamente con Javier Marías cuando señala que España se ha convertido en una sociedad de nuevos ricos con pocos escrúpulos y una moral muy laxa. Por no hablar del grado de ignorancia y, sobre todo, de satisfacción con esa ignorancia. Si eres culto, estás perdido. Es un país con mucha saña y mucha mala leche, de escasa –por no decir nula- categoría moral. Barcelona, por su parte, era una ciudad que al menos antes miraba a Europa y que tenía vida interesante, sobre todo intelectualmente. Pero la ciudad está espantosa ahora, por muy de moda que esté en el mundo. Está de moda, por otra parte, por esa permisividad que no están dispuestas a conceder otras ciudades europeas más importantes y más serias. Aquí a Barcelona viene todo el mundo a cagarse a la calle, y hasta les aplauden. La ciudad se ha vuelto un parque temático y está para mí insufrible.
A.O.-:  Sophie Calle aparece en un relato suyo y hay una referencia a ella y a Paul Auster y su novela Leviatán. ¿En qué medida juega la intertextualidad con los textos de Paul Auster? ¿Son amigos ustedes, hay mucho intercambio de ideas?
E.V.M.:- Siempre lo he leído y me ha gustado y ahora recientemente sostuvimos un diálogo literario frente al público en Nueva York. Tengo que escribir, un día de estos, algo sobre la relación amistosa que se inició allí, se inició en ese diálogo, y se prolongó, dos días después, en una cena en su casa. Me ocurrió, por cierto, algo extraño, o quizás no tanto. Verá... Yo siempre había soñado en Nueva York, que ha sido siempre mi lugar ideal para vivir. De hecho, antes tenía sueños en los que sentía que era feliz porque vivía en Nueva York. En mi primer viaje a esa ciudad, hace diez años, busqué esa felicidad que encontraba en los sueños, pero no di con ella. Ahora recientemente, en mi segundo viaje, la encontré por fin. La encontré una medianoche, en casa de Paul Auster y Siri Hustvedt. Estábamos en los postres y sentí que era completamente feliz. Estaba en Nueva York, estaba en aquella casa genial. Todo cuadraba. Sin embargo –y ahí viene algo inquietante-, debido a mi horario y a pesar de mi estado de felicidad, no podía evitar largos bostezos que daban la impresión a mis anfitriones de que podía estar aburriéndome cuando era todo lo contrario. Pero el alma iba por un lado y el cuerpo por otro. Con todo, me quedó muy claro que la felicidad estaba en Nueva York. Es el primer lugar en la lista si algún día tengo que dejar Barcelona “la horrible”, pero estoy seguro de que, por comodidad, la ciudad elegida será París, donde lo tengo más fácil todo y que, a fin de cuentas, tampoco está tan mal. Sí, me iré a vivir a París a pensar –como cuando Pessoa estaba en Sintra y quería estar en Lisboa, aunque cuando estaba en Lisboa quería estar en Sintra- que tendría que estar viviendo en Nueva York.
A.O.-:  En una parte del libro el narrador menciona un viaje a Buenos Aires para la Feria del Libro, su enfermedad y encierro en un hotel de la Recoleta. Quisiera saber si el episodio es autobiográfico y en qué medida influenció la escritura de Exploradores del abismo.
E.V.M.:- Tenía un grave problema renal y no lo sabía, sólo sabía que me sentía muy fatigado, pero lo atribuía al jet-lag. Yo estaba narrando la historia de mi relación con Sophie Calle, que es la primera que escribí de Exploradores y que en el libro presento como ficción cuando en realidad fue absolutamente real... Bueno, la cuestión es que, al regresar a Barcelona tuve que ser internado porque estaba gravísimo. Y eso lo reflejé en mi relato sobre mis encuentros con Sophie Calle. En el libro distribuyo a lo largo de mis cuentos  bastantes referencias a hospitales y lo hago, no porque quedara traumatizado por lo que me pasó, sino porque pensé que ayudarían esas referencias a dar más unidad a mis Exploradores. Pero también es verdad que la Recoleta quedará ya siempre en mi recuerdo unida a lo mal que lo pasé allí y que, por otra parte, la enfermedad me ha humanizado, lo cual no está mal, sobre todo en cuanto que representa una novedad, y a mí me han gustado siempre las novedades.

A.O.:- Quisiera saber su opinión acerca de la literatura de Julio Cortázar y de Jorge Luis Borges
E.V.M: - Junto con Macedonio Fernández y Roberto Arlt son el cuadrado mágico de la literatura argentina. Yo empecé imitando a Cortázar en mi primer libro. Pero esa es otra historia... Bueno, en realidad, imitaba a Néstor Sánchez, que salía un poco de Cortázar o, al menos, escribía parecido. Sí, lo más exacto sería decir que yo empecé a escribir imitando el estilo de Néstor Sánchez  en Nosotros dos... Aunque eso no sé si tengo que creérmelo ni yo mismo...
(c) Araceli Otamendi - Archivos del Sur - Septiembre de 2007- Todos los derechos reservados
crédito de la fotografía: Paula de Parma

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